6/20/2004

5-Kosen rufu

Un buen día, Ichinén se encontraba paseando por el mercado de un pueblo al que había llegado, buscando algo interesante que le pudiera servir. Los mercaderes intentaban venderle todo tipo de baratijas, pero el jamás compraba nada por el solo hecho de hacerlo. Solo paseaba disfrutando de la vista, buscando quien sabe que. Hacia poco había llegado a esos lugares por lo que no conocían su fama de guerrero imbatible, comprador precavido y desinteresado de corazón. El se había granjeado esa imagen, como celebre enemigo de los demonios que atormentaban a los mortales comunes. Entre el tumulto de gente, incluso a pesar del bullicio, pudo percibir una voz que lo llamaba.
-Acércate guerrero, estoy seguro que puedo contarte una historia interesante.-dijo un anciano desde una tienda desvencijada.
-Lo siento, buen señor, no creo que me pueda vender nada que me interese.-respondió cortésmente, el caballero sin armadura mas que la de su corazón.
El viejo sonrió, descubrió que el guerrero lo había tomado por un vendedor ocasional.
-No intento venderte ninguna chucheria, mi amigo.-replico moviéndose en su banquillo.-Soy un relator de historias, te contare la que desees por una leve remuneración.-
-No busco ese tipo de cosas, tengo todo lo que necesito aquí conmigo.-comento Ichinén tocando disimuladamente a Daimoku, su espada imbatible.
-Vamos! Todo hombre sobre esta tierra desea algo.-exclamo el anciano alzando las manos.
-Solo deseo paz y felicidad, para mi y para los que me rodean.-agrego el, ya deseando finalizar la conversación.
-Entonces, tengo que contarte la historia de la tierra de la paz y la felicidad eterna.-continuo el relator a pesar del poco interés de su cliente.-Un lugar que solo los más tenaces logran alcanzar.-
Este fue el punto de interés para Ichinén, un desafío era lo único que deseaba en esta existencia. A pesar de su reticencia inicial, decidió escuchar la historia del vendedor.
-Cuéntame mas acerca de esa tierra mítica.-solicito inclinándose hacia el viejo, para no perder ningún detalle.
-De mítica no tiene nada, existe en verdad, por lo menos así lo juraba mi abuelo y el nunca mentía.-contesto el anciano acercándose más hacia Ichinén.
Así, comenzó a relatarle lo siguiente:
“La tierra de la paz y la felicidad eternas queda al norte, tan lejos de aquí, que solo unos pocos la encuentran. Algunos no consiguen encontrarla nunca, ya que muchos peligros existen en el camino, no solo la distancia. Solo una persona desinteresada, valiente y pura de corazón, con una firme determinación logra alcanzarla.”
El anciano no conocía a Ichinén, pero justo lo que describía era lo que el tenia como principales características. Haciendo una breve pausa para comprobar que tenía toda la atención del guerrero, continuo:
“El nombre de esta tierra es Kosen Rufu, queda donde antes estaban las tierras mas inhóspitas del mundo, fruto de múltiples guerras entre los demonios. La hicieron habitable sus pobladores, con gran esfuerzo y determinación. Por ello solo los más decididos llegan a ella, por que pertenecen ahí de corazón. Sobre la tierra yerma sembraron, por ese desierto desolado hicieron pastar a su ganado, de entre la cizaña cosecharon su alimento. A pesar del inhóspito paisaje no se desanimaron, el violento clima no los hizo desistir. El amor que los movía era tan grande que ninguna circunstancia los pudo vencer. Los demonios no los asustaron ni los lograron atormentar. Las dificultades jamás los hicieron decaer, las desavenencias no los dividieron.
Hasta que un buen día consiguieron hacer de esa tierra de sombras un lugar paradisíaco, haciendo posible lo imposible. Donde reino por siempre la armonía y los demonios no tuvieron lugar donde cometer sus actos viles. Donde la fraternidad y el amor entre las personas fueron la filosofía de vida. Así, fundaron Kosen Rufu, y en su centro la capital llamada Soka Gakkai, la mas hermosa urbe que puedas haber visto nunca. Con sus monumentales torres y edificios de cúpulas imponentes, fruto de tanto sudor de su gente. Aunque muchos abandonaron la lucha a mitad del trabajo, no consiguieron llegar muy lejos, el hambre y la derrota dieron cuenta de ellos. Todo aquel que la busco para satisfacer sus necesidades personales, jamás la pudo encontrar. Aquel que no era honesto en su accionar, aquel que dudaba de su existencia, nunca llego. Yo mismo la he buscado por años, pero nunca viaje lo suficientemente lejos para encontrarla. Ya ves, quizás me falto decisión. Pero, jamás dude que existiera, por mas que no la vea. Es como el amor, aunque no lo puedas ver, sabes que esta ahí. Ya deje de buscar, tan solo soy un viejo.”
Ichinén había escuchado con suma atención cada palabra, no se le había escapado ni una letra de todo el relato. Luego de meditarlo un segundo, determino buscar la tierra de Kosen Rufu.
-Yo iré en su busca, y donde otros fallaron yo tendré éxito.-sentencio el guerrero.
-Pero, yo no te he contado esta historia para que fueras en su búsqueda.-inquirió el relator a su vez.
-Aun así, lo haré de todas maneras.-respondió Ichinén con firmeza.-Aunque me tome diez mil años de aquí a la eternidad.-
-Me gustaría acompañarte en este viaje, muy pocos son los que creen lo suficiente para poder resistir la travesía.-comento el viejo.-Casi siempre hice el viaje solo, pero ahora ya tengo muchos años para tal aventura.-
-Eso no importa, ni cuantos años tenga ni lo solo que se sienta.-determino Ichinén.-Lo primordial es el corazón que ponga en ello.-
El relator lo miro de hito en hito y suspiro.
-Aunque llegue solo para ver las cúpulas de la capital, no debe dejar que tal circunstancia lo detenga.-recomendó el alentándolo.
-Lo haré como dices, pero a mi paso, con lo que den mis fuerzas.-contesto el otro, mas decidido ante el aliento del guerrero.-Por eso es que creo, mejor emprende solo este camino. Tengo la plena convicción que el camino a Kosen Rufu, es personal e individual, aunque los que lleguen terminen viviendo en esa sociedad de armonía con otros seres diferentes a ellos.-
-Te dejo aquí, unas monedas por la historia, tal y como se indica.-concluyo Ichinén alzando la bolsa que llevaba debajo de su capa.
-No, te estoy eternamente agradecido, pero mi alma renovada es el mejor pago que pudiste haberme hecho.-respondió el anciano sonriendo.-Hemos hecho un buen trueque, tu me has devuelto la energía y yo te he dado un objetivo.-
-Entonces, emprendo mi viaje inmediatamente.-comento Ichinén arreglándose la vestiduras y el equipo, como cada vez que emprendía un viaje.-Espero verte en la capital de Kosen Rufu, delante de la cúpula mas alta de toda Soka Gakkai.-
-Ten por seguro, que nos encontraremos como dices.-respondió con determinación el relator de historias.-Es un compromiso entonces.-
-Queda acordado, no importa cuanto tiempo tome, nos veremos ahí.-determino Ichinén.
Sin más que decir, se despidió del anciano y se dirigió al norte, hacia donde se encontraba la tierra de Kosen Rufu. Una vez que Ichinén se había alejado lo suficiente, el mercader de al lado se acerco al anciano y le hablo.
-Yo conozco a ese guerrero al que le relataste ese cuento, se llama Ichinén, jamás vi en ninguna tierra que hiciera caso de los trucos de un comerciante.-comento el otro vendedor, luego echo a reír diciendo.-El gran Ichinén se creyó los cuentos de un viejo.-
El viejo había oído solo un poco de la leyenda de Ichinén y Daimoku, pero lo suficiente para saber que conseguía siempre alcanzar sus objetivos. No lo conocía en persona, grande fue su sorpresa al descubrir que fue su cliente.
-En realidad, lo que le dije es verdad, esta no era una historia mas.-replico el anciano a su colega.-Y tengo la plena seguridad que llegara a Kosen Rufu.-
-Es imposible que lo consiga o que tal lugar exista, ya lo hubieran vendido.-respondió el incrédulo mercader.
-Tal vez sea muy difícil, pero no es imposible, no para Ichinén al menos.-comento el viejo con la vista en el camino.
-Bah, solo es una ilusión.-continuo el comerciante.
-No lo creo, siempre existe la diferencia entre una ilusión y un sueño.-retruco el anciano a su interlocutor.-La decisión de Ichinén lo llevara cumplirlo.-
-Ja! Creo que todos ustedes están locos.-rió el incrédulo retirándose a su tienda.
El otro comerciante continuo riéndose, mientras el relator recogía sus cosas y se incorporaba.
-Adonde vas?-pregunto el otro levantando la voz..-Todavía es temprano y queda mucha gente en el mercado.-
-No, es tarde, y es momento para que continué mi camino hacia Kosen Rufu como Ichinén.-contesto el anciano con gran dignidad.
-Ya debe estar muy lejos de aquí, no lo alcanzaras.-sentencio el comerciante.
-Yo lo haré a mi ritmo y el al suyo, pero los dos llegaremos al mismo destino, no tengo dudas.-contesto sin querer darle demasiadas explicaciones.-Ichinén tiene una determinación profunda, es lo que le abrirá paso ante los peligros que le aguardan, y a mi también.-
Sin decir mas, se alejo por el horizonte canturreando, siguiendo el camino de Ichinén. Sabiendo que llegaría a verlo nuevamente en la tierra de Kosen Rufu.

4-Ichinén

Sentado en el verde, reflexiono sobre lo que había sucedido. Tantas cosas se le agolpaban en la mente. Ya no importaba nada de lo anterior, no lo mas negativo al menos. En el infierno habían quedado los rencores, las deudas ajenas, los odios, la venganza. Ichinén había sido bautizado por el viejo y sabia lo que debía hacer. Sentía la energía correr por sus venas, la sangre era pura energía, había experimentado la revolución mas profunda del ser. Donde el joven cambio en hombre, en un giro supremo. Ahora poseía lo más poderoso del universo, además de su espada Daimoku, su decisión. No porque Daimoku fuera menor ante el corazón del guerrero, pero esta era inocua en las manos equivocadas. Por ello, Ichinén no solo había sobrevivido al infierno y podía descansar. No, ahora es donde todo comenzaba. Ese momento es donde recién iniciaba la historia. Ahora tenia ante si al mundo, dominado por los demonios, pero eso no lo amedrentaba. Era la tierra de las posibilidades. Donde unos veían demonios dominando humanos, el veía batallas sin librar. Donde otros veían solo problemas, el veía una posibilidad de cambio. El había pasado por el infierno, no solo porque debía hacerlo, sino porque eso posibilito su cambio. Los demonios no dominarían impunemente por mucho tiempo, la oscuridad retrocedería. Eso lo sabia el guerrero, porque el era como una luz que nació en la oscuridad. Se daba cuenta que muchos lo verían como otro demonio mas, ya que en su naturaleza estaba insertado todo eso. Era en parte demonio, por ello podía combatirlos. Pero la gran diferencia ante ellos, era su actitud y hacia donde orientaba sus acciones. Así es como en ese momento, apenas salido a la luz, determino lo que haría en adelante. No mucho se conoce de eso, quizás ni el lo sabia en ese momento. El viejo, padre de todo, lo había asistido. Ahora, el llamado de la madre, clamaba porque siguiera. Los progenitores del mundo necesitaban del guerrero. Su camino había sido marcado por ellos dos. Pero, aunque sabía para donde caminaba, ignoraba que le traería el camino. Lo cual no importaba mucho, iba hacia un rumbo fijo, no importaba cuantas vueltas tuviera que dar. Sabía que el camino le mostraría las diferentes opciones. Aun herido, se sentía enérgico y eufórico ante el horizonte que se le planteaba ante el.
Ichinén, tomo su espada y camino hacia el futuro, ya que allí pertenecía.

6/12/2004

3-Daimoku

(continuación directa de "2-El infierno".)
Una vez que se fue el viejo, acompañado por el hijo, el joven quedo solo. Fijando la vista en el suelo, camino unos pasos. Se detuvo y pareció convertirse en una estatua. Los demonios se asomaron por todo el horizonte, como una inmensa línea oscura. Corrían hacia el que ya no era el joven, ya no era el joven que había caído al infierno al menos. Los demonios se acercaban. Miro a su mano, y la vio, sostenía una espada. Quizás se lo había dicho el viejo, pero la leyenda no lo especifica. Solo se sabe que Ichinén sabía todo sobre la espada ya en ese momento. El nombre de la espada era Daimoku, también llamada la matadora de demonios. El sonido que producía, era el sonido del universo, NAM MYOHO RENGUE KYO. Y los demonios estaban mas cerca. Ichinén sabia que debía hacer con la espada, se lo hubiera dicho el viejo o no. sabia quien era, como el viejo lo denomino y aunque no lo hubiera hecho. El guerrero recién nacido se mantenía en pie, sin miedo, con total tranquilidad. En el medio del infierno, el era una luz de paz que relucía opacando la reinante oscuridad. Los demonios se le venían encima. La paz que experimentaba en ese momento, no tenía precedente en su vida. Los demonios lo rodearon y saltaron al ataque. El guerrero levanto la espada, cortando una hilera de cabezas. Como un grito de victoria resonó, NAM MYOHO RENGUE KYO. La espada siguió describiendo círculos y desmembrando demonios. Batallo por horas, quizás por milenios. El guerrero nacido, peleaba por su vida. Los demonios seguían atacando y seguían cayendo muertos. Los cuerpos comenzaron a acumularse como una montaña sangrante. El guerrero pisaba sobre los cadáveres para no quedar sepultado, pero ellos continuaban atacando y muriendo. En un momento, se vio limitado en sus movimientos. Los demonios, cada vez más desenfrenados, cayeron encima de el como una ola de garras y dientes. Ichinén siguió cortando ese mar de cuerpos que lo rodeaba, sangrando y quemándose en todo su cuerpo. Todo el fuego del infierno lo encendió. En un momento, los cuerpos no fueron tales, se habían convertido en tierra. El guerrero lucho desenterrarse y alcanzo la luz del sol. Había salido a una verde pradera, donde amanecía u oscurecía, no se sabe. Y escucho sus propia voz diciendo:-Antes estuve muerto, pero ahora vivo." Miro al horizonte, había salido del infierno, limpiado por su fuego, así emprendió la marcha decidido.

6/10/2004

2-El infierno

(Este relato esta basado en un sueño, las incoherencias arguméntales son originales del sueño mismo.)
Fue sin previo aviso, pero era un camino esperado. El joven había llevado una ruta peligrosa, no podía esperarse otro destino final. El lugar donde cayó, el infierno. Poco se sabe de el joven, más allá de su nombre. Quizás era otro su nombre antes de su pasaje por el infierno, como dicen algunas versiones. Pero si así era, se perdió en las brumas del tiempo y la leyenda. Su origen esta teñido de un fuerte carácter mítico y enigmático. Lo poco que la leyenda relata es que iba caminando con alguien, totalmente inocentes y sin sospechar ningún peligro. Se habían alejado de su hogar, aunque no por mucho. El suelo tembló y su acompañante escapo, empujando al joven a la tierra. Al quedar solo, aun arrodillado sobre el terreno, vio como el suelo se hundía. Cayo, por incontable distancia y tiempo. Cuando despertó, se encontró con un paisaje desolador. Estaba en el fondo del infierno, como sus antecesores le habían relatado que era. En ese lugar, la tierra era azabache y el cielo escarlata. Densas nubes sepia cubrían el cielo, el aire era pesado y difícil de respirar. Pero lo peor era el efecto que tenia sobre el ese lugar. Pesar, solo pesar. Una eterna tristeza, no estaba con ella, como si la alegría hubiera desaparecido del mundo, como si nunca más fuera a poder ser feliz. Solo sentía un sufrimiento profundo, nada mas cabía en su pecho. Trato de moverse, algo que le era muy dificultoso, y llegar a unas ruinas cercanas que allí había. Ahí paso las dos primeras semanas, en las ruinas con su vida en igual condición. Una noche, no se precisa cuando, se encontró perseguido por los demonios nativos. Corrió como desesperado, mientras estos monstruos reían ante esa presa fácil que se les había escapado durante tantos años. El corría, sabiendo que ellos lo aniquilarían. Las dos primeras noches, por decirlo de alguna manera, fueron las peores. En ese lugar siempre estaba oscuro, no se distinguía el día de la noche. Una semana mas tarde a la aparición de los demonios, camino por el infierno llorando a más no poder.Sabía que los demonios no lo matarían, solo lo harían sufrir para divertirse. Rogó a todo ser superior existente para que enviara un rayo que lo aniquilara.
Cuando estaba a punto de dormirse bajo un árbol seco, apareció el viejo. Este le sonrió, saludándolo. El joven no hizo otra cosa que insultarlo. Por que no le prestaba ayuda? A lo que el viejo le recordó las ocasiones en que el joven estuvo en peligro o cualquier otro problema. Quien creía que lo había ayudado? Hablaron por largo tiempo, de temas que nadie puede precisar. Pero, según cuentan algunos relatos, se hablo de una misión y sellaron un pacto. El viejo le hablo así:

-Debes enfrentar a estos demonios, no son otros que los tuyos, no podés seguir escapándoles.-
El joven asintió con la cabeza y el viejo partió diciéndole:

-Nunca vas a estar solo, ya nos veremos. Adiós Ichinén.-

6/05/2004

1-La leyenda.

Érase una vez, hace mucho tiempo. En algún punto del pasado sin presente, cuando las estrellas antiguas aun eran jóvenes. En un tiempo sin edad, cuando todavía no se llevaba la cuenta del tiempo transcurrido, donde los poderosos ya sometían a los más débiles. En las tierras donde los demonios atormentaban a los mortales comunes. Donde sobrevivir como se pudiera era moneda corriente. En este momento, existía un hombre que se atrevía a enfrentar todo, el solo con la espada le plantaba cara a las adversidades. Sin ninguna armadura, excepto la fortaleza de su corazón. Su deambular por este mundo lo llevaba por lugares maravillosos, y otros que no lo eran tanto. Pero su búsqueda del lugar ideal no se detenía. Este guerrero tenaz, nunca cejaba en su empeño, jamás dudaba de su objetivo. Desde ese tiempo, su nombre se asocia con la decisión, la determinación, incluso algo más profundo y poderoso. El continuaba a pesar de todo, solo con su espada. Con ella derribaba todas las paredes y obstáculos que se le interponían en el camino. Esta gloriosa y legendaria espada era de una forja como nunca se conoció antes, podía cortar todo lo que se encontrara enfrente. Para este hombre era más una herramienta que un arma, la más poderosa que hubiera existido jamás. En los pueblos de todo el mundo se la conocía como la matadora de demonios, acérrima enemiga de estos seres que se entretenían atormentando a los mortales comunes. El guerrero y la mayoría que la conocían la llamaban por un nombre especifico, su gran compañera en todas sus vicisitudes, bien lo merecía. La hoja de la misma, producía un sonido característico, incluso al entrar en contacto solamente con el aire. El, aseguraba que ese sonido era lo que hacia poderosa a su espada y a si mismo. Según dicen los libros más polvorientos, lo que resonaba por esa hoja era el sonido del universo. Cada vez que la blandía, resonaba como un grito de victoria, y este era: NAM MYOJO RENGUE KYO. Todavía en las montañas milenarias, donde la mano del hombre ha llegado muy poco, se puede oír de boca de los más ancianos esta leyenda. La leyenda del guerrero Ichinén y su espada invencible, Daimoku.