12/06/2017

51-El largo regreso al hogar.

Hubo un tiempo que fue hermoso… Tristeza, patetismo. Eso es lo único que Ichinén siente al recordar el pasado. Para él, solo existe el ahora, y de ahí, hacia adelante. El pasado, únicamente fue anterior. -La mente tiene una tendencia natural, en nuestra constitución física, a sepultar en un sano olvido; los momentos desagradables. Mientras que los agradables son recordados y vueltos a recordar. Cada vez que un buen momento es traído a la conciencia de nuevo, es como el degustar de su comida favorita. Es por este sano olvido de lo negativo y la reiteración remanente de lo positivo; crean la falsa noción de tiempos pasados que fueron idílicos. Esto es solo parte de la misma ilusión del mundo Saha. La que usa Rokuten para esclavizar a los seres humanos. Solo a través de la novena conciencia se puede romper esa ilusión.- Esto había dicho Nichirén, mientras el guerrero permanecía en silencio. Sobrepasado por el agobio de tener que regresar a lo perdido. El recuerdo lo arrastraba, casi como si pudiera tocarlo y sentir todo su peso aplastante. Quizás a un afectado por el efecto del cristal, las posibilidades pasadas parecían tan reales como el arroyo que corría delante suyo, serpenteando entre los guijarros y pedruscos. Su cuerpo quedó allí estático, mientras que su mente se había ido, muy lejos, muy atrás. -Ichinén. Entrá. Bienvenido.- El joven Ichinén entró al cuarto, donde su padre resolvió los asuntos del ducado, lo podría denominarse el cuarto de estudio del duque. Parecía sentirse más tenso de lo que nunca había experimentado en presencia de su progenitor. -La Reina Kumi me envía con esta misiva, padre.- El hombre hizo un gesto sutil, pero no comentó al respecto de esa rapidez en ir al punto. Su hijo siempre había sido de hablar lo que era estrictamente necesario. El hombre leyó la carta real y fue removiéndose inquieto, en parte de temor y en parte de alegría. -Aquí dice que te vas a la corte en el castillo de Mira, como guardián real de la reina. Esto es una excelente noticia, aunque me duela tener que dejarte ir.- El hombre apretó el papel en sus manos como queriendo asimilar el contenido por ósmosis. -¿Te metiste en la cama de la reina? ¿No es cierto? Pícaro bribón!- El hijo no dijo nada, pero tragó saliva nervioso, refugiándose en mirar al frente en posición de firmes. -Te envío en una visita formal y te convertís en el amante de Su Majestad. Está muy bien para escalar entre la nobleza. Poco te faltaría para llegar a ser el soberano del reino.- Ichinén miró al padre, con desconcierto, como si fuera una serpiente que se agazapa en estado de alerta. -No es eso lo que quiero padre…- -Idioteces! Es tu destino. Ya lo han dicho. Solo es cuestión de tiempo.- -Pero padre, estamos…- -Silencio, es mi orden que sigas en esto. La Reina te llama a su lado, debes estar ahí. Ya podrás ver más adelante como ascender.- Ichinén apretó los dientes y lo miró con resentimiento. -Eso es lo que va a causar nuestra desgracia.-espetó el hijo. El padre se detuvo en su monólogo y lo miró enojado. -¿Qué estás diciendo, Ichinén?- -La Reina, ella me interrogó y cosas peores también, desconfía de tus intenciones. Tu ambición te puede, estás en todo momento pensando como escalar. No te conforme tener tus tierras, tu título. ¿Adónde te puede llevar esta ambición desmedida?- El hombre se envaró, con una furia fría y meditada. -¿Ambición desmedida? Desmedido es la mediocridad que te invada, pudiendo tener el reino en tus manos. Solo tenés que llegar a tener a la reina en ellas.- Ichinén iba a replicar pero la mención a tener a la reina entre las manos, lo distrajo. -Noto por tu expresión que eso ya ocurrió, era una medida calculada. No es necesario que digas más, un verdadero caballero no comenta esas cuestiones.- -Yo no soy un caballero.- -No, sos mi hijo, el heredero al ducado de Menkalinam y con el destino de ser rey de tres reinos. No debés ser un guerrero, que se arrastra por el barro y pelea las luchas de otros señores. Así se ha dicho que serás y es lo que deberás ser. Sé un caballero para la reina, protégela con tu vida, hasta entre las sábanas si ella quiere.- Ichinén se dio la vuelta, dispuesto a irse. -No te atrevas a irte! Insolente mocoso! Voy a enseñarte respeto a palos.- El joven se giró apenas y levantó su camisa, mostrando los cardenales en el costado derecho, entre las costillas y el riñón. -La Reina ya me enseñó esa metódica.- El padre quedó desconcertado ante esta visión. -Quiso sonsacarme si tenías algún plan insidioso para derrocarla. Y si yo era parte de él, al enviarme a la capital. Fuera para asesinarla o intrigar en su contra… No te preocupes, le dije que era es el súbdito más real que existe y me creyó, quiero creer.- -Soy leal a la Reina y a la corona de Azaláys! Eso no se puede poner en duda.- Ichinén demostró en sus ojos que no se tragaba ninguna de esas palabras. -Alto ahí, niñito mimado! Yo quiero que avances en el poder, pero no a costa de traicionar a Su Majestad. Si no te colocás correctamente en posiciones de poder, otros con intenciones menos santas lo harán. Y cuídate cuando eso ocurra.- -Eso no es problema, voy a ser casi como la mano derecha de la reina, y la izquierda quizás también. Al menos es mujer y no debo ser el amante de un rey con gusto por los núbiles, todo para satisfacer tus anhelos sin control. Le negué totalmente que tuvieras ninguna intención, pero en mi interior no estaba tan seguro. Aunque jamás le voy a confesar a ella ni a nadie más, que yo mismo desconfío de tu lealtad o mesuramiento en la ambición.- El hombre lo sujetó por el cuello de la camisa y estuvo a punto de soltarle un puño sobre el rostro al hijo. El empujón para sostenerlo lo llevó contra un mueble detrás. Ichinén lo miró desafiante, esperando que llegara el castigo como quien ve venir lo inevitable, con cierto hastío. El padre sostuvo el puño cerrado, por detrás de su hombro, pero a los pocos segundos lo bajó. -Sos un desagradecido y un iluso. Siempre fui un leal sirviente del reino, de Su Majestad y con nuestra gente.- El padre soltó al hijo y se alejó en el cuarto dándole la espalda. -Júzgame duramente si te place, pero verás con el tiempo que estoy pensando en lo mejor que pueda ser tu bienestar.- -De eso no tengo duda, voy a pasarla bien en el palacio de Mira. Me darán de comer, dormiré en lujosas camas…- -La ironía no te queda, Ichinén. Guardatela.- El joven iba a replicar pero el gesto del padre con la mano, como ordenándole que se fuera, lo decidió a no decir más nada. Ya había muchas cosas dichas de las cuales se iba a arrepentir. Ichinén salió repentinamente de sus recuerdos, llevando su mano a Daimoku, dispuesto a sacarla. Aplacó su reacción instintiva al identificar a Victoria que se acercaba caminando entre las rocas del arroyo. La joven se sentó y hablaron un poco, le dio una versión resumida de estos recuerdos de su padre, de la relación con la reina, de su juventud en general. -¿El peso de los recuerdos es lo que te genera el rechazo a regresar?- -No, no es eso. El hecho es que no hay nada por lo que regresar. Mi familia, mi padre, todos muertos. El que sobrevivió conmigo, estaba en poder Rokuten en el estado de Infierno. Yo me fui de allí con esta espada en la mano, usándola como ariete para salir en vez de para entrar.- -Entiendo. No, no te rías. Si entiendo tus motivaciones. Si Kosen Rufu fuera el lugar destruido y tuviera que regresar para encontrar todo lo que conozco degradado, sucio o mancillado; no querría hacerlo seguramente.- Ichinén suspiró, con gran cansancio. -No debe haber quedado nada en pie. El pozo del que todo ese horror del caos surgió, se llevó tantas vidas como edificios. Nada podía detenerlo. Fue como la erupción de un volcán de maldad. En el cristal vi una versión mía en otro mundo. Donde a costa de mi propia vida, utilizaba un cubo mágico o algo así para detener ese caos reptante. Y en otra visión, de otro mundo, mi ser sobrevivía y regresaba después de un periplo extraño. En otro mundo me convertía en emperador de todo el continente.- Ichinén se largó a reír, primero parecía que era con ganas, pero luego se notó su amargura. -Mi padre hubiera sido el más feliz con esa visión. Lástima que ni él ni yo vivimos en ese mundo o en esa línea alternativa del universo.- -No, vivimos en esta, Ichinén. Tenemos que jugar con las cartas que nos tocaron.-respondió Victoria. Ichinén miró de nuevo el agua que cruzaba rauda a su pies, apenas rozando cada piedra, generando espuma en el bajo arroyuelo. -Mi padre era leal a la reina, incluso en esa destrucción no se volvió en contra como otros hicieron. Antes de que todo se destruyera un duque de otra tierra quiso derrocar a la reina, fue más o menos a la mitad de mi periodo como guardián real. El castillo de Mira fue sitiado, en la tierra de Mirza, no había un gran ejército. Ese condado al sur de la capital es famoso por su universidad y su gran biblioteca. Eran el baluarte cultural del reino, no militar. Cuando mi padre apareció con su gran ejército mayor al del otro duque y al de la reina, aun sumando ambos; temí lo peor. En ese momento pudo aplastar a todos y tomar para él la corona, ni siquiera para mí. Tal vez habría tenido que vérselas con los nobles de los otro reinos, en ese caso. Algunos emparentados o con buenas relaciones con la reina de Azaláys, seguramente hubieran protestado. Pero eso hubiera sido noticias de ayer, si él ya era soberano, poco podrían reclamar sin poder lograr una restauración.- -¿Qué hizo tu padre?-inquirió Victoria, mirando el perfil del guerrero. -Se plantó con el ejército de Menkalinam y otros grupos que eran leales a la reina; acampó del costado contrario al castillo de donde se encontraba el duque rival. Envió un emisario con una carta. Esta decía que le daba ocho horas para levantar campamento y regresar a su tierra, o masacraría a todos los que se quedaran.- Victoria se rio, aunque enseguida se contuvo y preguntó: -¿Cómo terminó eso?- -El duque opositor, levantó su asedio en seis horas y regresó a su tierra, su ejército se desbandó. Mientras que una partida especial de Menkalinam lo capturó a mitad de camino, en una noche cerrada. Fue llevado preso a la capital y juzgado por rebelión. Mi padre fue condecorado y se lo premió con lo que más deseaba, dinero y poder. Luego de eso, no lo vi más hasta que supe que había muerto peleando contra el caos. Fui a enterrarlo.- -¿No hablaron esa última vez?- -No. Estaba enojado conmigo. No lo culpo ahora. Fui muy impetuoso para juzgar.- Victoria no dijo nada más hasta luego de un rato. -Finalmente, él demostró que era leal, pese a tus dudas.- -Si, pero no le creí cuando debía. Eso ya no tiene arreglo, como esa tierra yerma y destruida.- -Eso no lo sabés. Tal vez vamos y algo se puede salvar. Podrías hacerlo como una forma de retribución para con tu padre.- Ichinén la miró con cierta desconfianza, pero se quedó meditando esa posibilidad. Por largo rato, estuvieron así en silencio. Hasta que finalmente, el guerrero se levantó y ayudó a su amiga a incorporarse. -Vamos.-dijo con simpleza. Regresaron junto a Nichirén y comieron unas vituallas que Shijo Kingo había mandado a traer con sus hermanos. Festejaron un poco esa despedida, aunque no sin cierta añoranza. Bebieron Sake. Comieron arroz, berenjenas, melones y otras cosas. Para el momento de irse, Nichirén le regaló un collar de cuentas, conocido como Yutsu a Victoria. Para el guerrero le obsequió un pergamino, un Gohonzon en la versión final que se conoció posteriormente. El Buda lo alentó a no cejar en su búsqueda de Kosen Rufu, pasara lo que pasara. Ichinén agradeció al maestro y le dedicó una gran reverencia. Teban y Dulce abrieron un portal que se formaba en la unión de dos cañas de bambú. -Nos veremos pronto, maestro.-comentó el felino.-O usted me verá.- Ichinén le inquirió a su compañero de cuatro patas a que se refería. -Él me envió a buscarte, Ichinén, o lo hará.-respondió el gato. -¿Cuándo fue eso?-interrogó el guerrero. -Dentro de once años.- Atravesaron los cuatro la conjunción de bambú, saliendo a un campo en día soleado. La vegetación era distinta al del Japón de Nichirén Daishonin. A lo lejos, se veía una columna de humo. El guerrero no quiso sospechar que era un incendio o solo el humo habitual de las chimeneas de una ciudad. -¿Estamos en Azalays?-inquirió Victoria. -Estamos en ese mundo de Ichinén, no sé si es la tierra correcta. Esto no es una ciencia exacta.-replicó Dulce, estirándose por completo, a la manera felina. Caminaron un trecho, esperando encontrar a alguien que les indicara donde se encontraban. Por largo rato no vieron señal de persona alguna, hasta que el ruido de muchos pasos los hizo mirar al camino delante. Una larga columna de soldados avanzaba marchando a paso marcial por el camino. Los uniformes, escudos y cascos llevaban diseños en rojo y negro. Prolijamente se dividieron en cuatro grupos, rodeando al cuarteto híbrido de humanos y felinos. Por los cuatro costados fueron avanzando hasta formar un cuadrado perfecto de treinta hombres de cada lado. Ciento veinte soldados en todos los frentes sin contar con todos los que se formaban detrás en esa perfecta falange. Los escudos eran anchos y el emblema no le era familiar a Ichinén, pero en parte le sonaba. Los soldados se cuadraron al unísono y apuntaron hacia adelante con espadas los de la primera fila. Los de la segunda hilera los apuntaron con unas largas picas. Ichinén y compañía se vieron rodeados por lo que parecía un puercoespín hacía adentro. -Esto no está del todo bien. Ahora reconozco los uniformes.-informó el guerrero a sus amigos. -¿No estamos en Azalays?-preguntó Victoria, viendo como las miradas torvas y las espadas filosas los vigilaban. -Es el mundo correcto, pero es otro reino. Por los uniformes, la formación militar y ese símbolo, creo saber de donde son estos hombres. Estamos en el reino de Tarannis.- Victoria no tenía idea de lo que eso representaba o el verdadero alcance de esas palabras, pero el tono de Ichinén lo expresaba todo. Aquello no eran buenas noticias.

11/07/2017

50-Ichinén Sanzén.

El guerrero avanzó por el bosque, perseguía al demonio. El guerrero atravesó el desierto, yendo en pos del demonio. El guerrero se agazapó en el castillo, el demonio se le escapaba. El guerrero... Ichinén intentó enfocar, pero solo la voz de Nichirén lo pudo orientar. Veía ante si, como si fueran casillas, nueve o doce casilleros. Delante de su vista, ocupando todo su espectro visual. En cada casillero, una versión de una realidad, similares entre sí, diferentes mientras más lejanas se encontraran. Todo eso era ilusión. ¿De verdad lo era? Tenía que serlo. Y aun así, esto no era suficiente para marearlo. Si lo desorientaba que cada dos o tres minutos, una de las casillas cambiaba completamente y corría hacia un lado al resto, permitiendo que una nueva acompañara a las anteriores ocho. Al poco tiempo, una nueva aparecía... Así, el esquema se renovaba hasta que ya ninguna era la original y la versión de cada mundo que veía, era tan diferente a lo anterior o a su vida, que creía llegar a perder la mente en ese proceso.
Existía una versión de su ser que nunca se había ido del reino de su padre. Este guerrero era el guardián real de la reina. En otra versión similar, o una más en el futuro de ese mundo, se convertía en el emperador de todo el continente.  Existía otra donde moría sacrificándose para salvar a otros, en una parecida, él vivía. Pudo ver incluso el universo donde era el capitán de la nave estelar Daimoku. Pero mundos como esos le eran más lejanos y difíciles de ver. La abrumadora ola de visiones lo ahogaba.
-No te pierdas en lo transitorio, mantente en lo fundamental. Descarta aquello que solo es pasajero, revela la verdadera esencia de tu ser.-
La escena se transformó por completo, ya no vio casillas cambiantes frente a sus ojos de la mente. Era de día, el lugar era el patio interno en el Kaikan. Era el castillo de Menkalinam, donde había crecido.
-Angewiesen!!! Ven para aquí.-
El niño a quien llamaban pasó corriendo no muy lejos de Nichirén y él, pero era evidente que no los veía. La mujer que gritaba al infante, agitaba una cuchilla de cocina.
-No parece que quisiera matar al niño, pero si parece enojada.-
-La señora Weiss, siempre se molestaba cuando le "probaba" las comidas antes de la hora de la cena, o directamente de la olla hirviendo.-
El monje miró al chiquillo, reconociendo el parecido.
-Angewiesen. ¿Ese es tu nombre?-
Ichinén asintió, miró a su versión pasada, no sin poder evitar una sonrisa de añoranza.
-Ese era el nombre que mi padre me puso. Apenas nacido y profetizado mi "futuro tan brillante". Una anciana le dijo que mi futuro sería increíble, tres coronas en mi camino y no sé cuantas fantasías más. Viví bajo ese sino marcado, creyendo que eso vendría solo o que tal vez no tendría mucho en que intervenir.-
-Nuestro futuro, siempre depende de lo que construyamos con nuestras manos, no de alguien más. Es nuestro karma. Este concepto no debes entenderlo solo como algo negativo o punitivo. El karma está formado tanto por tus acciones positivas, como por las negativas.-
Ichinén intentó patear una ramita en el suelo y descubrió que ellos eran inmateriales para esa realidad. O esa visión era solo una proyección de su mente.
-¿Cómo fue que te llamaron Ichinén?-
-Provenientes del sur, de unas llamadas islas Shu Han o por ahí, llegaron al reino muchos inmigrantes que se te parecían. O al general Tigre de Piedra.-
-Algo similar a japoneses o chinos, en la versión de tu mundo.-
-Supongo que así sería. En el ducado de mi padre, en el castillo incluso, se aceptaba a cualquier persona que fuera cooperativa o tuviera un buen comportamiento. Extrañamente, mi padre era muy tolerante en este sentido. Así llegaron unos monjes budistas. Una vez, salvé a un gato de un incendio, la casa de un pastor se prendió fuego y yo saqué al animal. El monje vio como mi padre me reprendía por arriesgar mi vida por ese animal. Ante mi temeraria determinación, me llamó el "gran Ichinén". Ese fue mi nombre a partir de entonces.-
La escena cambió, por unos segundos sintió la misma vorágine de "casillas", versiones de los mundos, pasar delante suyo. Cuando sintió que no podía más de la saturación, el ambiente se asentó y vio humo. Nichirén y él estaban de pie frente a la casa que se quemaba, pareció la choza de un granjero, pero de varias plantas. 
-Este es el establo del ducado, uno de los tantos, pero si el más importante. La casa de un pastor, que vivía cerca, se prendió fuego y este se esparció. Magnus, uno de los hombres de mi padre, ideó el plan de salvar los caballos y dejar que los edificios afectados ardieran hasta que se consumieran. Ese fuego es tan... era tan furioso, que no valía la pena combatirlo.-
El maestro pudo comprobar que Ichinén decía la verdad, el fuego parecía no tener control ni arrasar todo lo que estuviera a su alcance.
-Lo olvides lo que te enseñé sobre las dos clases de fe, el fuego arde fuerte, pero acaba por consumirse en su propia esencia, agotando y destruyéndose en el proceso.-
-Es verdad, maestro. Eso mismo debió pensar Magnus. Ahí está.-
Ichinén señaló a un hombre de barba y bigote, con el cabello algo largo y ondulado, mirada severa pero gestos apacibles. Magnus daba órdenes para uno u otro lado, intentando que el fuego no se esparciera, gritaba a los criados para que apartaran carretas, paquetes de forraje, todo lo que pudiera llegar a tocar las llamas.
-Ang!!! Angus!!!-vociferó el hombre, desesperado.
Ichinén comentó algo sobre esa fascinación de acortar o deformar los nombres, quejándose de que era incoherente poner un nombre para luego acortarlo arbitrariamente.
Nichirén siguió los ojos del conmocionado hombre y vio como el niño, Angewiesen se trepaba por un techo que ardía furiosamente a pocos metros. Con decisión y gracia, subió a un descanso y allí agarró un gato que estaba atrapado en una parte alta del edificio. Con rapidez y presteza se lanzó hacía un paquete de forraje y rodó varios metros luego de caer. El niño gritó del dolor, ya que al caer se había lastimado un brazo.
-Aquí es donde recibo mi reprimenda.-dijo Ichinén.
El padre del niño Ang se acercó a la escena, con el rostro convulsionado de furia y temor. Lanzó una andanada de amonestaciones al revoltoso hijo.
-Y aquí es donde recibes tu nombre.-acotó Nichirén.
Dando un paso al frente, el Buda se acercó al padre del niño. Ichinén no comprendió en principio, pero al ver como Nichirén hablaba con los presentes, se dio cuenta que el poder del maestro le permitía intervenir en esa realidad.
-Lo que su hijo acaba de hacer fue un gran acto de coraje y determinación.-expresó el monje al padre de Ang-Ichinén.
El duque le devolvió una mirada severa, una que Ichinén conocía demasiado bien. Como la mirada del Buda estaba vacía de miedo, el duque no pudo más que asentir y aplacarse un poco.
-Tienes una gran decisión, niño. Eres de un gran “Ichinén”.-
El guerrero a su vez, sintió que el cerebro le explotaba. Recordaba ese instante claramente y ahora tenía una segunda perspectiva de ese evento, que se superponía con la “anterior” que estaba presenciando.
El joven y recién nombrado “Ichinén, dejo el gato negro que había salvado en brazos de una niña, que lo besó en la mejilla.
-Ichinén! Ichinén!-gritó un campesino.
Los rumores de admiración y los vitoreos, terminaron de apaciguar el furor del duque. Magnus intentó colaborar en ese sentido.
-Creo que el niño es temerario, pero eso le valido el cariño de su pueblo, milord. Eso no se logra fácilmente.-comentó el barbudo hombre.
El duque de Menkalinam pudo comprobar que aquello era verdad, la admiración sincera, el fervor de la gente, los rostros sonrientes; todo eso no podía ser creado de forma premeditada. Sucedía o no, pero no se podía comprar o manufacturar de alguna forma.
-Gracias, monje. Una anciana al nacer, nos había dicho que mi hijo sería conocido por otro nombre. Y que ese sería el de su leyenda.-
-Y lo será, puedo asegurarlo.-
El duque se giró y señaló directamente al adulto Ichinén, mirándolo a los ojos.
-Tú! No te quedes ahí, trae un poco de agua para asear a mi hijo y aplacar su sed.-ordenó el duque, haciendo que el guerrero vacilara de sorpresa.
Ichinén obedeció, queriendo que el fuego o algunas cuantas rocas los escondieran.
Nichirén se fue alejando poco a poco y el discípulo lo siguió.
-Maestro, es usted quien me puso ese nombre.-comentó Ichinén.-Es avasallante esta sensación de circularidad. El verme a mi mismo…-
El Daishonin asintió con la cabeza, sonriendo ligeramente.
-Un ser muy sabio dijo hace tiempo: “El invierno se convierte en primavera, no hay accidentes”. Lo que un mortal común entiende como el paso del tiempo, es solo una percepción que la visión de un ser iluminado puede llegar a trascender.
-Es decir, que podría ir a cualquier tiempo y cambiar algo. ¿Eso no sería peligroso?-
-Lo importante no es cambiar, sino saber que cambiar. En el universo, todo está sujeto al perpetuo cambio. Es la única cuestión constante, que todo cambia. Saber que modificar es lo que interesa.-
-¿Y cómo puedo descubrir eso?-
-Usando lo que verdaderamente importa.-
Ichinén lo miró con extrañeza, esperando la explicación.
-Lo único que verdaderamente importa es el corazón. Tu corazón estaba en salvar el gato de esa niña. Arriesgar tu vida por un ser vivo. Eso te ha ligado a través del corazón a los gatos. Por ello, Teban es tu guía.-
Ichinén concedió que algo había de verdad en ello.
-Los diez estados, multiplicados por la posesión mutua de los diez estados, por los diez factores de la vida y los tres ámbitos; dan como resultado los tres mil mundos en un solo instante de la vida. Es el Ichinén Sanzén. Estamos aquí y no estamos, es pero no es. Todo puede ser en el no ser. ¿Dónde te guía tu corazón?-
El guerrero entendió lo que el maestro estaba indicándole. El corazón lo llevaría al lugar indicado en. Se concentró en que sentía y como seguiría adelante.
-Eso es. Deja que tu esencia vital te lleve al siguiente paso en el camino. No persigas ilusiones o recuerdos del pasado que ya no están.-
El lugar al que se vieron transportados repentinamente estaba casi en completa oscuridad.  Lo poco que se podía atisbar era una ruina.
-¿Dónde estamos?-inquirió el guerrero.
-Adonde sea que tu corazón nos haya guiado.-
El guerrero utilizó su espada para hacer chispas y prender una improvisada antorcha. Entre el polvo, los pedazos de pared caídos; pudo distinguir un muro semiderruido. Unas pocas y pálidas estrellas se veían en un hueco del techo. Al alzar el fuego ante un rincón, halló un escudo de armas. Dos espadas cruzadas sobre un fondo de estrellas, con un sol, un fondo celeste y una nube que cruzaba.
-Oh, no. Tiene que ser una broma de mal gusto. No puedo estar acá.-
Nichirén no dijo nada, el guerrero no podía asegurar si el maestro sabía donde era ese lugar o solo lo sospechaba.
-Es la casa de mi padre, el Kaikan en Menkalinam, como ha quedado actualmente de seguro. Así lo dejaron los demonios que destruyeron todo el reino y el continente. ¿Qué significa esto?-
El Daishonin no dijo nada, pero Ichinén se respondió a si mismo.
-¿Aquí es donde debo venir? Esto es el pasado, mi futuro está en Kosen Rufu! No volver al dolor de lo que pasó.-
Ichinén se alejó durante unos instantes y el maestro lo dejó.
-Quiero irme de aquí, es muy doloroso ver todo lo que he perdido.-
-Quizás es eso lo que necesita tu corazón. Curar las heridas y te trae aquí para eso. No estamos seguros.-
-Yo quiero seguir adelante, el pasado no va a volver. Eso es lo que me has mostrado maestro. Esto ya es así. No me interesa cambiarlo.-
-Las cosas “están” así, Ichinén, no “son” así. Si determinas que son de una manera y no de otra, impedís la posibilidad del cambio. Si por otro lado, propones que solo están de una manera, te abrís ante la chance de que eso solo es pasajero y puede ser modificado.-
-Creo que algo más que una cuestión pasajera en esta tierra infecta, maestro.-
Nichirén cerró los ojos y se concentró, para luego de unos momentos, abrirlos y mirar en derredor.
-Aquí existe un portal que está conectado con Kosen Rufu. Es en esta tierra.-
Ichinén maldijo en susurros, lo que el maestro decía lo hacía sentirse ahogado.
-Hay algo más que demonios en estas tierras. Criaturas de toda especie moran en estos parajes. Me niego a volver.-
El Buda no dijo nada, Ichinén esperó un poco y luego habló.
-Quiero salir de aquí.-
Volvieron a estar en el cuarto del cristal. Nichirén lo miraba severamente.
El guerrero traspasó la puerta y retornó al bosque. Victoria estaba del otro lado, esperándolo. Él siguió de largo cuando ella quiso hablarle.
-¿Qué bicho le ha picado a Ichinén?-inquirió un poco para sí.
El Daishonin se le acercó y la tranquilizó.
-Dale un poco de espacio, necesita asimilar y superar ciertas cosas.-

El guerrero Ichinén se alejó por el bosque, con un gran bagaje de pensamientos encima.



10/03/2017

49-Yo, Nichirén.

-Sufre lo que debas sufrir, goza lo que debas gozar.-dijo Nichirén.
Ichinén le acababa de contar sus últimas desventuras en el mundo de Innocenza. El Daishonin cabalgaba al lado de Ichinén y Teban, los corceles habían sido provistos por Shijo Kingo. Delante iba montada Victoria con Dulce, un poco para disfrutar el paisaje nipón y un poco para apaciguar su ansiedad. Ichinén y su compañera llevaban un par de días cabalgando con el monje y el samurái. 
-Pronto ya llegaremos al bosque que el maestro indicó.-comentó el médico y samurái a la joven, mientras acercaba su montura al trote.
-Si, no es que tenga apuro.-respondió ella.
-Pareciera que su pareja lo tiene aún menos.-acotó el samurái.-Es de un carácter férreo, pero no diría que sensato.-
Kingo no era precisamente un estanque en invierno, por lo tranquilo, ardía su carácter con facilidad. Aunque también era proclive a perdonar y olvidar con idéntica rapidez. En los días previos, Ichinén y Kingo habían descubierto que no eran de caracteres complementarios. El menor roce, enardeció la combustibilidad del samurái, mientras que a Ichinén le chocaba la impulsividad del otro. Nada grave había ocurrido entre ellos, pero algún comentario, o mirada con el ceño fruncido; habían cruzado. Nichirén les comentó con seriedad que si iban a ser discípulos celosos de su maestro, que lo fueran ante aquellos que los perseguían. Un poco retó a Ichinén con respecto a que era vergonzoso que se comportara en forma tan infantil. Como las cuestiones menores que eran, no pasaron de un dialogo apenas y una leve amonestación del Daishonin. Se detuvieron a media tarde no muy lejos de donde vivían otros discípulos de Nichirén. Kingo se alejó con su caballo y regresó con comida, provisto como una ofrenda al Daishonin. Ichinén se manifestó en desacuerdo, prefería cazar algo, pero el monje lo disuadió. Solo esa excusa necesitaba algún noble de aquellas tierras, para que Ichinén fuera un perseguido en ese mundo también. El guerrero se removió intrigado sobre como el maestro sabía tanto de su vida previa, antes de que se conocieran.
Luego saciadas las ganas de comer y de beber, reemprendieron el camino, momento que aprovechó Ichinén para inquirir sobre el conocimiento sorprendente que el tercer maestro tenía de la vida de Ichinén.
-Conozco muchas cosas, las he visto en lo profundo de la esencia de la vida. Si controlaras tu mente de tal manera, podrías lograrlo también. Algunos pocos lo logran en esta misma existencia. Otros en tres como máximo, si el propósito es claro y la determinación férrea.-
-Yo tengo una determinación férrea.-
-¿Pero un propósito claro?-
Ichinén tambaleó en su argumentación.
-Mi propósito es Kosen Rufu.-
-¿Por qué quieres llegar a Kosen Rufu?-
Aunque dudó, el guerrero quiso articular una explicación.
-Desde que escuché la historia, sentí que hacía allí debía ir.-
-Y tu intención es honesta, pero el motivo no es claro. En este mundo, mi mundo, Kosen Rufu no es un lugar. Es un ideal, adonde deseo que llegue mi nación, la humanidad entera. Sé que es un objetivo tan grande que necesitara de numerosas existencia para construirlo. En tu caso, es arriesgado pensar que alcanzaras Kosen Rufu en esta existencia.-
-¿Eso quiere decir que tal vez lo logre en la próxima existencia? ¿Cuándo sea otro y tal vez no recuerda que estoy haciendo?-
-¿No es acaso así con todo?-replicó el maestro, para luego sonreír.-Como la iluminación, se puede lograr en esta misma existencia. Pero que te sirve como referencia, el Kosen Rufu no es algo que se nos da, algo que allí está y lo encontramos. Se debe construir, día con día, paso tras paso.-
El guerrero no sabía si sentir esperanzas o desalentarse ante esas palabras. El maestro seguía cabalgando a su lado, mientras el sol caía sobre el horizonte.
-Quiero llegar a Kosen Rufu, para llevar a Victoria a casa. Si yo no lo logró encontrar, al menos quisiera que ella lo hiciera.-
-Veo que amas mucho a la joven.-
Ichinén se removió inquieto en la montura, casi tanto que temió caerse del caballo. Balbuceó excusas y trató de explicar que no era de esa forma.
-Si tu intención es que ante tu sacrificio, ella lograra su cometido y tú no; no creo que exista razón de amor más grande. Esa es la diferencia entre el amor verdadero y el mero apego fenoménico. El apego es un vano intento de aferrarse a lo que se puede perder y que en todas las ocasiones se llega a perder. Sufres tanto tiempo ante la perspectiva de perder y luego otra vez ante la pérdida manifiesta. La joven de la que me contaste, tuviste un acto de amor al pensar en sus intereses y seguir adelante. El rey demonio utilizó eso en su favor, esa es la verdadera raíz de su maldad, utilizara tus propios sentimientos y deseos para que caigas preso en sus garras.-
-No debí dejarla.-
-El pensar que si de haber hecho lo contrario, la situación hubiera sucedido de otra forma, es tan inútil como querer frenar el viento con las manos. Lo que es, es. Lo que sucedió, sucedió. En su vida estaba inscripto que aquello sucedería, quizás sin tu intervención. Rokuten solo quiso llenarte de culpa.-
-No se equivocó.-
-El equivocado eres tú, Ichinén, si se lo permites.-
-Su intención fue clara y la culpa me llena.-
-Y eso te aleja de Victoria. Ya dije que la amas, aunque lo niegues. No es casual que te involucraras con su versión en otro mundo, es causal. Así como tampoco fue azaroso que la encontraras y se conocieran. Es muy particularmente kármico que dos personas se encuentren y compartan su camino, entre todas las variantes de los mundos posibles.-
-No creo que ella y yo pudiéramos ser pareja. No solo por su carácter tan avasallante, sino que también está destinada a casarse con alguien más.-
-Lo que consideras como destino es solo la percepción meramente fenoménica que antecede a los hechos ya manifestados. Es como si vieras todas las secuencias de tu vida sobre el tapiz. El orden puede variar, los retoques son posibles.-
Ichinén iba a preguntar si eso significaba que el destino predeterminado de Victoria se podía modificar o si se refería a algo más; pero no pudo hacerlo. Acababan de llegar al bosque indicado. El Daishonin desmontó y se internó en el bosque. Con una seña indicó que los demás esperaran allí. Ichinén siguió al maestro a través de la vegetación.
-Lograr llegar a Kosen Rufu, requerirá de más sacrificios de los que estás creyendo afrontar. No solo vidas pueden perderse.-
-Siento que aún no he logrado nada, no estoy más cerca de Kosen Rufu que antes. De hecho, esto viniendo aquí, en busca de la guía para saber donde ir. No me siento más cerca que cuando oí por primera vez sobre esa tierra.-
Nichirén Daishonin se detuvo en donde estaba y miró al guerrero gravemente, luego de un segundo le señaló en derredor.
-Dime, Ichinén. ¿Sabés que son esos árboles que nos rodean?-
La pregunta parecía tener un matiz de afirmación. Si, el guerrero las conocía, eran alguna clase de bambú. Árboles similares crecían en un lugar más alejado de las tierras de Menkalinam, donde había crecido. Así se lo hizo saber al Daishonin. El maestro no habló hasta pasados unos segundos.
-Existe una variedad particular de bambú en el Japón. Tiene una rara peculiaridad que no muchas plantas comparten. Al plantar una semilla de este árbol, no sale ni un brote. Nada, como si la semilla estuviera podrida, ni siquiera un asomo de algo, al menos durante siete años. Luego de siete años, sale el bambú a la superficie por primera vez y alcanza treinta metros de altura en tres semanas. ¿Por qué entonces no se muestra por siete años que está creciendo? ¿Qué ocurre en ese tiempo? Durante esos siete años, el bambú extiende sus raíces profundamente a lo largo y a lo ancho, para poder tener una sólida y firme raíz que sostenga esa altura. Tu situación es idéntica. Estás profundizando en la enseñanza para construir los cimientos sólidos para el Kosen Rufu.-
La cabeza de Ichinén se le antojaba como un astro enloquecido, de como daba vueltas sobre sí. Se mantuvo pensativo hasta que llegaron a una parte del bosque. Por como el maestro se había detenido, era donde debían llegar. La vegetación estaba torcida y parecía manipulada como para formar una puerta. Antes que Ichinén dijera nada al respecto, el Daishonin lo aclaró.
-Esta es la puerta a un mundo. Un mundo muy reducido, del tamaño de una habitación, pero que contiene tres mil mundos. No existe más que lo que verás, pero no confundas lo que es con lo aparente. El Ño ze so, con el Ño ze sho o el Ño se tai. Una cuestión es la apariencia, otra la entidad, y otra la naturaleza.-
-¿Qué hay allí?-
-Podría decirse que te encontrarás contigo mismo, pero eso sería demasiado escueto y pobre como definición. Dentro, hay un cristal, pero eso es solo la apariencia y la entidad.-
El guerrero asintió, comprendiendo que allí habría algo más que solo un cristal. Entraron por ese portal, tanto el maestro como el discípulo. Al otro lado, no había bosque, solo un cuarto blanco con apenas un pedestal plateado. Sobre este sitio, un cristal, que a Ichinén se le antojó como un prisma.
-Me recuerda a mi infancia, el hombre que hacía luces y colores con un cristal como este, sosteniéndolo apenas sobre una ventana. Dijo que se llamaba prisma.-
-Si, podría ser exacto eso. Es el prisma de Ichinén Sanzén.-
El guerrero dio un leve respingo. 
-En este prisma te encontraras a ti mismo, como te dije. Podría decirse que te estaba “destinado”, pero es solo un camino más de la Ley. El cristal te pertenece, por eso debes mirarlo para saber que decidir a continuación.-
El guerrero centró su vista en el prisma. Lo que allí vio, fue como vivir tres mil años en un solo instante. O tres mil mundos en un aliento de vida.

8/28/2017

48-El Tercer Maestro.

Era la medianoche, cuando los pasos comenzaron en el camino. Hei No Saimon estaba molesto, deseaba terminar con esa molestia lo más pronto posible. Pero aun, faltaba mucho para deshacerse de su prisionero.
-Este agitador está incordiando a la gente equivocada, no debe permitírsele continuar. El exilio a la isla de Sado no es la solución, pero si de ser posible fuera ejecutado por el camino… digamos que convendría más a nuestros planes.-
El tan atribulado jefe de asuntos policiales entendió bien la indirecta que le habían inducido. Ya tan personas querían ver fuera de juego a ese revoltoso, que él no sabía a quién complacer primero. El exilio o la ejecución, lo segundo era más definitivo. Ni tan siquiera problemático. Al llegar a Mastubagayatsu, esperaban encontrar al agitador y a otros cómplices armados, o a lo sumo un arsenal escondido. La numerosa tropa que acompañaba Hei No Saimon, se sintió desconcertada de solo encontrar a un monje, fornido y de aspecto recio; pero solo un religioso al fin. Debió aclarar enfáticamente que ese era a quien venían a arrestar. No muchos quisieron reaccionar, un hombre religioso solo era demasiado fácil para tan concurrida soldadesca. Uno de ellos, Shofu Bo, tomó uno de los rollos de lectura que el monje estaba estudiando y que llevaba entre sus ropas. En esa época, se escribía en grandes y largas tiras de papel para luego enrollarse en torno a una vara de madera. Esgrimiéndolo en alto, golpeó en pleno rostro al monje. La respuesta del agredido fue:
-Insensata la actitud de Hei No Saimon. Has derribado al pilar del Japón!-
Aunque revolvieron las mamparas de la casa y levantaron las tablas del suelo, no hallaron armas. Nichirén Daishonin era solo un monje denunciando la corrupción y los privilegios del clero imperante. Y como esto repercutía en los sufrimientos de la población. Por esas razones era que había sido marcado para morir, por gente que no deseaba seguir soportando sus denuncias ni perder sus lujos.
¿Iba a ser trasladado a la inhóspita isla de Sado o no llegaría nunca a destino? Nadie había muerto por el Sutra del Loto, sabía que no podía retroceder ante el avance de las fuerzas negativas. El rey demonio del sexto cielo sonreía desde su palacio. Los soldados comentaban o bromeaban, sabían que llegarían hasta la playa, donde realizaban generalmente ejecuciones. Ese sería el destino final. Nichirén Daishonin estaba en paz consigo mismo, si ese era su destino lo aceptaba. Pero algo lo movilizaba en otra dirección. No era correcto que prevalecieran los infames y los hipócritas. Él no podía ser asesinado como un vulgar criminal para que ellos pudieran anunciar ante todo el pueblo que el Daishonin no había podido salvarse a sí mismo, por lo que su enseñanza era falsa. Una revolución se dio en su interior, como la que la Luna realiza en torno a la tierra o esta sobre sí misma.
Era la medianoche, cuando la procesión pasó por Tsurugaoka. El Daishonin pidió apearse del caballo ante el santuario de Hachiman. Caminó hasta la estatua del bodhisattva y en tono vehemente, lo increpó:
-Bodhisattva Hachiman. ¿Eres en verdad una deidad? Yo, Nichirén, soy el devoto más grande del Sutra del Loto en todo el Japón y estoy libre de la más mínima culpa. Cuando el Buda Shakyamuni predicó el Sutra del Loto, el buda Taho y muchos otros budas y bodhisattvas aparecieron brillando como numerosos soles, lunas, estrellas y espejos. En presencia de los incontables budas y deidades de la India, la China y el Japón, el Buda solicitó a cada deidad que jurase proteger al devoto del Sutra del Loto en todas las épocas. Todas y cada una de ustedes, proclamaron este juramento. No tendría que estar recordándoselo. ¿Por qué no están aquí para cumplir su promesa, ahora que el momento ha llegado? Si esta noche me ejecutan, y llego a la tierra pura del Pico del Águila, informaré de inmediato al buda Shakyamuni que Tensho Daijin y Hachiman han quebrantado el juramento que hicieron ante él. ¡Si sienten que eso les pesará demasiado, será mejor que hagan algo al respecto cuanto antes!-
En las palabras del monje Nichirén estaba expresado lo que era un secreto a voces, iba a ser ejecutado sin más excusa. Para eso lo llevaban a Tatsunokuchi. No iba al exilio como había sido barajado y anunciado. Los soldados no salían de su sorpresa por la amonestación a Hachiman por parte del Daishonin. Este se dirigió a su caballo nuevamente, montó y cabalgó con dignidad.
El destacamento de la muerte estaba llegando a la playa de Yuigahama, por lo que solicitó que se le avisara a un discípulo suyo. Un niño llamado Kumao, rápidamente llevó el mensaje a destino.
Paradójicamente, este lugar paradisiaco y hermoso era el sitio que llevaría tan mal recuerdo, donde la trampa sobre Nichirén se cerraba. Claramente, el monje no deseaba escapar, esa sería la excusa perfecta para sus vigilantes. Shijo Kingo, el discípulo convocado, llegó con sus hermanos y lágrimas en sus ojos. Al ver ese grupo numeroso, apretó el Tsuka maki de su katana y se aferró con la otra mano a las riendas del caballo de su maestro.
-Si han de ejecutarlo, van a matarme a mi primero. Moriré con mi maestro.-
Los soldados estaban más que complacidos con ese desafío, apoyados en su superioridad numérica y la oscuridad de la noche.
Nichirén detuvo a Kingo, bajó del corcel y de frente le habló a los ojos.
-Esta noche, seré decapitado...-siguió un largo debate entre maestro y discípulo.
Shijo Kingo era de un carácter muy impulsivo, pero era extremadamente honorable y leal.
-Son sus últimos momentos.-le respondió al Daishonin, sin poder contemplar el llanto.
-Hasta ahora, nadie ha muerto por el Sutra del Loto. Nací para convertirme en un pobre sacerdote, incapaz de saldar por completo la deuda de gratitud que contraje con mis padres y con mi país. Ahora, ofrendaré mi cabeza cercenada al Sutra del Loto y compartiré los beneficios que me esperan  con mis padres, y con mis discípulos y creyentes, tal como a usted se lo he prometido.-
Fue Kingo quien guió las riendas del caballo de Nichirén. “La ley de fuga” se aplicaría, aunque en esta época no la denominaran así. El pretexto sería que Nichirén había intentado escapar y por eso había sido ajusticiado. Tal vez por eso, el Daishonin refrenó a su discípulo samurái y médico, Shijo Kingo. Ese fraudulento trato al prisionero y las ordenes que debían ser obedecidas, no tenían muy tranquilos a algunos soldados. En esos tiempos, mucho más entre los soldados, existían numerosas supersticiones con ejecuciones injustas o mal gestionadas. Creían también que si el ejecutado miraba a alguien en el momento de su muerte, su espíritu los visitaría de por vida. Por lo cual, esa decapitación se llevaría a cabo bien de madrugada y en una playa desolada como Tatsunokuchi, a “La Boca del Dragón”, como se le decía a ese lugar de ejecución, para criminales y conspiradores. Los soldados se distribuyeron en arco, Hei No Saimon se sentó en la silla del testigo oficial, el verdugo permanecía de pie detrás suyo. Nichirén se sentó en una estera de paja y entonó tranquila pero firmemente.
- Nam Myoho Rengue Kyo. Nam Myoho Rengue Kyo. Nam Myoho Rengue Kyo.-para luego extender el cuello, esperando el golpe.
No faltaba mucho para amanecer, pero esa es precisamente la hora más oscura, como lo es la de Nichirén Daishonin. La penumbra era lo suficientemente densa como para apañar la superstición. El arma estaba a punto de caer y separar la cabeza del cuerpo.
Cuando el cielo se iluminó. La noche ya no fue tan oscura. Nichirén se giró y entrecerró los ojos en dirección a la fuente luminosa. Distinguió un cuerpo que emitió un gran resplandor, brillante como la luna. Parecía provenir de la dirección de Enoshima, saliendo disparado a través del cielo. Antes de ese evento, todo estaba demasiado oscuro para que se viera el rostro de nadie, luego de esto, todo había cambiado. El verdugo cayó de bruces, cegado por la luminosidad, tan clara como la luna llena. Los soldados, en principio se vieron paralizados. Luego, algunos huyeron, otros se arrojaron de los caballos y se hincaron en el suelo, mientras que algunos otros se agazaparon detrás de sus monturas. La luz pasó en dirección sudeste al noreste, lo que hizo huir a los que quedaban.
-Vuelvan! ¿Por qué huyen de este miserable prisionero?-les gritó Nichirén Daishonin.-¡Acérquense! ¡Más Cerca!-
Aunque el caos ya había tenido su fiesta en esos corazones. Nadie quedó que no fueran partidarios del condenado. Kingo, sus hermanos y el propio Daishonin.
Nichirén miró perderse el objeto luminoso en el horizonte, continuando la espera. Él sabía que debía morir si era necesario. Y en realidad, le pareció que así era. Un mortal común llamado Nichirén había muerto en la playa de Tatsunokuchi, pero un buda conocido como Nichirén Daishonin había renacido. Varios minutos pasaron y el cielo comenzaba a clarear.
-Vamos!-le dijo el Buda Nichirén a Shijo Kingo.-Si no me han cortado la cabeza ahora, no me la van a cortar jamás.-
Esas palabras serían proféticas, ya que pese a numerables persecuciones y exilios, no podrían asesinarlo.
El Daishonin guió al grupo que lo seguía a través del bosque. Algunos tenían mucho miedo en ir por donde había desaparecido el objeto luminoso.
-No teman, esa parte última del trayecto debo hacerlo en solitario.-
-Yo lo acompañaré, maestro.-aseveró Kingo.
-No corro peligro, no tema por mí.-le respondió el Daishonin.
Aun así, el médico y samurái insistió en seguirlo de cerca.
¿Qué fue ese objeto de luz? ¿Qué iluminó el cielo de tal forma que hizo huir a los que deseaban matar al Daishonin? La respuesta más real y más simple es, que las fuerzas protectoras del universo, obraron para salvar al Daishonin. Hachiman, una de estas Shoten Zenjin, propició que ciertos elementos se movieran para lograr el objetivo de salvar a quien lo había amonestado. Se cree que no deseaba recibir una reprimenda del Buda, por haber faltado a su juramento en el Pico del Águila. Pero claramente, cumplió, así que puede descansar tranquilo.
La respuesta más detallada, es un poco más difícil de desarrollar. Se refiere a una pequeña, apenas un transbordador de corta distancia, conocido como “Wittgenstein”, número de código NMRK – 1975, de la nave “Karma.”
-Dijiste que tenías claro como manejar esto.-se quejó Ichinén.
-Su contraparte le explicó lo básico. Todo activado por voz.-explicó Dulce, saltando del asiento al suelo.
-Si, sacando que no esperaba que nos cruzáramos con unos árboles al tratar de aterrizar. La idea era buena.-replicó el guerrero.
-Salgamos afuera que ya me siento como una sardina.-intervino Teban.-Computadora, active el programa Victoria 87 Omega Tango.-
Un silbido electrónico resonó en la cabina, que los hizo sobresaltar.
-Alerta, secuencia de autodestrucción activada. 20 segundos y contando. No habrá más avisos.-se escuchó decir a la voz de la computadora.
-¿Qué hiciste?-le gritó Victoria.
-Lo que prometimos a tu otro yo.-respondió sin entender tanta alharaca repentina.
-Si, pero eso una vez que saliéramos de la nave.-
La huida de la nave fue electrizante, por decirlo de alguna manera. Ninguno había estado seguro de cuanto podía correr en menos de 20 segundos. La explosión no fue tan devastadora ni tan llamativa, pero no hubieran contado el cuento de estar dentro, eso seguro.
-Gracias, Teban. No teníamos suficiente acción últimamente.-se mofó el guerrero Ichinén.
-Era para saber si estaban despiertos.-replicó el gato, con mirada displicente y corriendo el rostro.
-Chssst. Alguien se acerca.-anunció la gata.
Nichirén Daishonin y Shijo Kingo entraron al claro en el bosque donde el guerrero y sus amigos recuperaban el aliento.
-No se quejen.-protestó el felino.-Vinimos en busca del tercer maestro. Él ya nos ha encontrado.
El Daishonin se acercó y estrechó ambas manos al guerrero.
-Ichinén, es un gusto conocerte, te estaba esperando.-




7/30/2017

47-Hacia una galaxia muy cercana.

Las galaxias se alejan unas de otras a velocidades inconcebibles. Las estrellas a tal velocidad que no existe mecánica que pueda igualarla. Pero incluso así, visto desde lejos, a una distancia como la que existe entre la tierra y su estrella más cercana; parecieran no moverse casi nada. La ligereza o lentitud implica también el punto del observador. Victoria se encuentra mirando por el gran ventanal del comedor de oficiales de la SGI Karma. A esas horas se encuentra vacío, nadie está siquiera tomando un aperitivo. Todos están demasiado ocupados en reparar la nave después de la última batalla con los Nagas. Y con el agregado de tener que acomodar a toda la tripulación de la Daimoku, por lo menos hasta llegar a estación espacial más cercana.
-El universo es un lugar muy grande, tanto que incluso a mi me cuesta ponderar su inmensidad correctamente.-escuchó decir a su espalda, una voz que era la suya, pero no lo era.
La capitana Rivercraft se encontraba de pie, mirándola, casi como si fueran un espejo. Aunque el uniforme de la oficial de la flota poco tenía que ver con el de una joven como Victoria que provenía de un mundo pretecnológico.
-¿Algo para desayunar?-inquirió la capitana.
-No quiero comer nada.-
-Un té, entonces.-
Victoria accedió no demasiado convencida pero sabía que algo debía ingerir. La capitana fue hasta una consola en la pared y le habló al aparato.
-Dos tazas de té negro, Earl Grey.-
En el panel aparecieron dos tazas y la oficial las tomó.
-Ten cuidado que están calientes, aun no saben regular bien las temperaturas ideales estas maquinas.-
Victoria le agradeció y por largo rato ambas permanecieron demasiado calladas. Ella notó como su contraparte en ese mundo añoraba al Ichinén que había perdido. Casi la hacía sentirse culpable por no apreciar del todo, su propia versión de Ichinén. Pero ella tenía menos libertades que esa otra Victoria. En ese mundo, sin tecnología y todo lo demás, había vivido en Kosen Rufu. Jamás se había ido de su hogar, nunca tuvo que emprender el difícil regreso. No había cometido ninguno de los errores que ella había cometido. Y tampoco estaba destinada a ser casada con otro. Eso la hacía preguntarse. ¿De haber estado libre, hubiera elegido a Ichinén? En ese mundo lo había hecho, al menos.
-No es la primera vez que me encuentra con una versión mía de otro mundo.-rompió el silencio la capitana, saliendo de su melancolía.-Al verte en el puente de la Daimoku, me temí lo peor. La versión mía que conocí era de un mundo completamente opuesto como si fuera un espejo, pero que convirtiera lo negativo en positivo. Luego comprendí que en todas las posibilidades cuánticas existentes, la versión tuya no era tan distinta de la mía, sacando las diferencias culturales o técnicas.-
-En algún lugar de todo ese inmenso universo, se encuentra mi mundo, mi Kosen Rufu.-
Por un rato compararon historias y notas, Victoria describió el reino de Kosen Rufu, sin poder ocultar la añoranza.
-Ven, vamos al puente, hay algo que debo mostrarte.-
Tomaron un elevador y las puertas del puente de mando se abrieron para darles paso. Victoria se sentó en la silla de comando y apretó unas luces en las pequeñas pantallas en su posabrazos.
-Computadora, accese a la rejilla de sensores del planeta, autorización Rivercraft VR87.-
La pantalla cambió de un cosmos estrellado en movimiento a una amplia ciudad que ocupaba todo el paisaje hasta donde llegaba el horizonte. Altos rascacielos, jardines en largos balcones. Se veía lo que parecía un pequeño bosque en lo alto de la terraza de una de esas moles. Naves surcaban el cielo con total naturalidad y elegancia entre los edificios, sin riesgo a tocarse unos a otros o a las estructuras. El sol resplandecía sobre una cara espejada de los colosos arquitectónicos.
-Es… hermoso. Tan diferente, pero a la vez puedo reconocer el estilo. Allá está el Kaikan, eso debe ser….-
-Eso es el Centro Cultural de la Mujer.-aclaró la capitana.
Victoria no pudo evitar sentirse conmovida por ver esa leve reminiscencia a su hogar, aunque no fuera su mundo, el camino a casa ya no parecía tan lejano.
-Gracias, capitana.-
En ese instante se abrió la puerta, pero no vieron a nadie. Prestando más atención, a nivel del suelo, pudieron distinguir a los dos felinos que los acompañaban en ese viaje. Teban y Dulce parecían venir discutiendo a los maullidos.
-Victoria, tenemos problemas.-lanzó el gato sin preámbulos.
-¿Qué clase de problemas?-exclamó Victoria, pero no a la que se había referido, la respuesta provenía de la capitana Rivercraft.
-Ya lo había dicho antes de partir del planeta… pero alguien me escucha? No, el gato maúlla y solo les parece muy tierno. No importa que les esté avisando del desastre.-
-Tampoco es para inmolarse, Teban, no exageres.-le replicó con fastidió, la otra gata.
-¿De qué están hablando?-inquirió esta vez si la Victoria indicada.
-El portal al tercer maestro estaba en algún lugar de ese planeta, ahora que lo dejamos tuvimos que buscar otro.-respondió Teban.
-¿Y lo encontraron?-
-Si, pero ese no es el asunto que lo molesta.-respondió Dulce.
-Claro, que creen? Soy un geolocalizador felino. Como si fuera lo más fácil.-protestó el gato, corriendo de lado el rostro con evidente gesto de fastidio, como solo ellos saben hacer.
-Teban, al punto.-enfatizó Victoria.
-Lo encontramos, pero no te va a gustar.-intervino Dulce.
-¿El portal se encuentra en algún lugar del planeta Kosen Rufu?-preguntó la capitana, demasiado intrigada para no interferir.
-Sobre él.-agregó Teban.-El portal se encuentra en órbita.-
A Victoria le costó entender a lo que se referían, no así con su contraparte. La capitana ordenó al tripulante más cercano que escaneara el área en busca de emisiones de neutrinos. Todos parecieron entender de que se trataba eso, pero no Victoria y sus compañeros felinos.
El señor Maverick, oficial de la Daimoku, temporalmente asignado a la Karma; encontró la respuesta.
-Existe una fuerte emisión en las coordenadas, 20.50, capitán.-
-En pantalla.-
El espacio sobre el planeta y una estación más lejana, es todo lo que se veía.
-¿Podemos observarlo de alguna forma sin activar el agujero de gusano?-
-Si, cambiando el espectrómetro, se puede ver el origen del horizonte eventual.-respondió el oficial Reims.
-Hágalo.-
Apenas se distinguía nada, pero un rayo de energía pareció mostrar un punto de luz en algún punto de la órbita planetaria.
-Ese es. Ahí tienen nuestro portal.-comentó Teban.
-Es lo que llamamos un agujero de gusano.-explicó la capitana.-Aunque no podría jurar adonde los lleva.-
-Nosotros si.-replicó la gata.-Conduce al tiempo y lugar del tercer maestro. Donde debemos ir.-
La capitana Rivercraft no tenía argumentos para discutir, por lo que aceptó lo que le decían. Que oyera hablar a dos gatos era igual de sorprendente que estos supieran adonde llevaba ese agujero en el espacio-tiempo.
-El problema va a ser alcanzarlo en el pleno vacío estelar.-se quejó Teban, bufando y moviendo un bigote.
-Señor Malcom, podemos usar los transportadores.-
-Podríamos, capitán, pero sus patrones de materia podría perderse y ser irrecuperables.-
-Gracias, la diseminación molecular no es lo mío.-retrucó el gato.
Luego de algunas otras ideas, que Victoria no entendió ni la décima parte, la capitana decidió que les iba a prestar un transporte de corta distancia, transbordador le llamó.
-Todas las reglas de la flota me prohíben enviar nuestra tecnología a un mundo con un nivel distinto o que desconozcan el viaje espacial. Si no pueden regresarlo por el portal, va a quedar programado para activarse la autodestrucción con un comando de voz. ¿Está claro?-
En poco menos de tres horas, ya habían arreglado los últimos detalles para la partida. Fue Dulce quien se dio cuenta que Ichinén no estaba presente. Tan entretenidas estaban ambas Victorias, que entre vidas comparadas y relatos de Kosen Rufu; nadie había preguntado por Ichinén.
-Yo voy a buscarlo, quizás quiera preparar algunas cosas para la partida.-comentó Victoria.
El guerrero Ichinén había permanecido todo el rato al parecer, en el cuarto que le habían asignado. Victoria lo encontró sentado de rodillas, como meditando, mirando al frente fijamente, con los ojos en las estrellas más allá del cristal de la nave. La espada estaba delante suyo, como extendida y presta para salir a la batalla. Casi que no sabía si importunarlo, pero antes que dijera nada, él notó su presencia y se giró levemente.
-Ya tenemos todo listo para partir, el portal está encima del planeta, pero ya lo hemos solucionado con la capitana. Nos dará una pequeña que se maneja sola casi…-
Ichinén solo asintió y esto la hizo frenarse.
-¿Estás bien, Ichinén? No saliste para nada de este cuarto.-
-No quería ver a nadie. Apenas fui a caminar un segundo y dos tripulantes me miraron como si vieran a un dios o a un fantasma. Da lo mismo, para el caso.-
-El capitán Ichinén era su líder y todos lo querían mucho. El verte les debe generar muchas cosas distintas.-
-Me hace acordar a cuando en la casa de mi padre, él estaba complacido por manifestaciones similares entre los que consideraba a su servicio. Siempre me pareció que la idolatría era el peor mal de todos los que debemos enfrentar.-
-Esta gente creo que va más allá de la idolatría…-
-Si, bien.-la cortó él secamente.-¿Cuándo partimos?-
Victoria no supo como seguir, salvo explicar lo que ya se había definido con la capitana Rivercraft.
-Si lo ocurrido en este mundo es un indicativo de algo, puede que esta empresa también me cueste la vida.-
-Ichinén…-
-Eso no es algo que me preocupe o atemorice.-
-Si es por eso, también deberíamos estar casados y ya sabés con quien debo desposarme yo. Eso no significa nada, cada mundo es diferente, no confundas las coincidencias con el destino.-
Ichinén se acercó a la puerta donde estaba ella de pie y salieron hasta el corredor de la nave, mientras seguían hablando.
-No creo en el destino, Victoria. Pero si es ese, no le temo ni lo esquivo. Aun si fuera la única opción, y mi vida sea el precio, voy a hacer que vuelvas a Kosen Rufu. Dar mi vida por una causa justa es tal vez lo más importante que haga en este universo. No me importa que alguien haya pensado que estaba para algo más. O que tan grandes campañas imaginaron que llevaría a cabo. Ni que guerras libraría heroicamente, aun si todo eso fue predicho por mil hechiceros. No creo que mi vida sea algo más de lo que ya es, la de alguien en busca de un objetivo, después de perder todo lo que tenía. Si esto solo es lo más importante que haré en el universo, puede sentirme satisfecho.-
Sin darle tiempo a más nada, se alejó por el corredor. Victoria se quedó de pie, mirándolo irse. No sabía si debía replicar o no, ella ya tenía bastante con lo que lidiar. Esta parte del viaje le había despertado viejas nostalgias y eso no era algo que le agradara.
Se vieron brevemente en el ceremonial para el capitán Ichinén. Solo ellos y el staff superior de cada nave estuvo presente. La capitana intentó dar un discurso, pero la voz se le cortó y luego de unos segundos en que parecía querer continuar, solo ordenó:
-Presenten honores.-
Los oficiales se giraron al unísono hacia la ventana del cuarto y observaron como era disparado un torpedo vacío, ya que nada se pudo salvar del capitán Ichinén. El guerrero no dijo nada, y se mantuvo extrañamente silencioso durante todas las exequias.
Volvió a encontrarlo cuando ya estaban listos para partir, en el camino a la bahía de transbordadores. Una hilera de oficiales se había puesto a lo largo de todo el pasillo. Era toda la tripulación de la Daimoku. La capitana Rivercraft hizo caso omiso del comentario de Victoria al respecto.
Ichinén pareció frenarse en seco al ver esa escena, pero luego continuó como si nada. Cada oficial se cuadraba firme y saludaba, casi como si ese fuera su capitán. El guerrero entendió que era lo único que cada uno de esos hombres y mujeres podía hacer para despedir a su capitán.
-Es un honor.-
-Mucha suerte, señor.-
-Ha sido un gran honor.-
-Largos días tenga usted.-
El guerrero estrechó las manos y saludó cordialmente, un poco como si estuviera avergonzado o cohibido. Victoria no supo si decir que se encontraba incómodo con la situación o solo que le parecía incorrecto recibir aprecio por otra persona. Subieron al pequeño transbordador, una nave no más grande que un dormitorio. La capitana Rivercraft los guió con algo llamado “conducción remota”, pasando el portal en órbita, seguirían de forma automática y luego el vehículo regresaría. Y si el regreso no era posible, se activaría la autodestrucción.
-Ichinén, Victoria, felinos amigos; mucha suerte. Les deseo lo mejor. Y que alcancen su objetivo.-se despidió la capitana de la Karma.
Ichinén miró fijamente el portal que se abría, diferente a los anteriores que habían atravesado. Este semejaba a un remolino azul con matices blanquecinos.
-Encontraremos el camino a Kosen Rufu, lo sé. Ahora que vamos al encuentro del tercer maestro. No hay dudas al respecto.-
Ninguno de sus compañeros dijo nada, pero el sentir era el mismo.