7/30/2017

47-Hacia una galaxia muy cercana.

Las galaxias se alejan unas de otras a velocidades inconcebibles. Las estrellas a tal velocidad que no existe mecánica que pueda igualarla. Pero incluso así, visto desde lejos, a una distancia como la que existe entre la tierra y su estrella más cercana; parecieran no moverse casi nada. La ligereza o lentitud implica también el punto del observador. Victoria se encuentra mirando por el gran ventanal del comedor de oficiales de la SGI Karma. A esas horas se encuentra vacío, nadie está siquiera tomando un aperitivo. Todos están demasiado ocupados en reparar la nave después de la última batalla con los Nagas. Y con el agregado de tener que acomodar a toda la tripulación de la Daimoku, por lo menos hasta llegar a estación espacial más cercana.
-El universo es un lugar muy grande, tanto que incluso a mi me cuesta ponderar su inmensidad correctamente.-escuchó decir a su espalda, una voz que era la suya, pero no lo era.
La capitana Rivercraft se encontraba de pie, mirándola, casi como si fueran un espejo. Aunque el uniforme de la oficial de la flota poco tenía que ver con el de una joven como Victoria que provenía de un mundo pretecnológico.
-¿Algo para desayunar?-inquirió la capitana.
-No quiero comer nada.-
-Un té, entonces.-
Victoria accedió no demasiado convencida pero sabía que algo debía ingerir. La capitana fue hasta una consola en la pared y le habló al aparato.
-Dos tazas de té negro, Earl Grey.-
En el panel aparecieron dos tazas y la oficial las tomó.
-Ten cuidado que están calientes, aun no saben regular bien las temperaturas ideales estas maquinas.-
Victoria le agradeció y por largo rato ambas permanecieron demasiado calladas. Ella notó como su contraparte en ese mundo añoraba al Ichinén que había perdido. Casi la hacía sentirse culpable por no apreciar del todo, su propia versión de Ichinén. Pero ella tenía menos libertades que esa otra Victoria. En ese mundo, sin tecnología y todo lo demás, había vivido en Kosen Rufu. Jamás se había ido de su hogar, nunca tuvo que emprender el difícil regreso. No había cometido ninguno de los errores que ella había cometido. Y tampoco estaba destinada a ser casada con otro. Eso la hacía preguntarse. ¿De haber estado libre, hubiera elegido a Ichinén? En ese mundo lo había hecho, al menos.
-No es la primera vez que me encuentra con una versión mía de otro mundo.-rompió el silencio la capitana, saliendo de su melancolía.-Al verte en el puente de la Daimoku, me temí lo peor. La versión mía que conocí era de un mundo completamente opuesto como si fuera un espejo, pero que convirtiera lo negativo en positivo. Luego comprendí que en todas las posibilidades cuánticas existentes, la versión tuya no era tan distinta de la mía, sacando las diferencias culturales o técnicas.-
-En algún lugar de todo ese inmenso universo, se encuentra mi mundo, mi Kosen Rufu.-
Por un rato compararon historias y notas, Victoria describió el reino de Kosen Rufu, sin poder ocultar la añoranza.
-Ven, vamos al puente, hay algo que debo mostrarte.-
Tomaron un elevador y las puertas del puente de mando se abrieron para darles paso. Victoria se sentó en la silla de comando y apretó unas luces en las pequeñas pantallas en su posabrazos.
-Computadora, accese a la rejilla de sensores del planeta, autorización Rivercraft VR87.-
La pantalla cambió de un cosmos estrellado en movimiento a una amplia ciudad que ocupaba todo el paisaje hasta donde llegaba el horizonte. Altos rascacielos, jardines en largos balcones. Se veía lo que parecía un pequeño bosque en lo alto de la terraza de una de esas moles. Naves surcaban el cielo con total naturalidad y elegancia entre los edificios, sin riesgo a tocarse unos a otros o a las estructuras. El sol resplandecía sobre una cara espejada de los colosos arquitectónicos.
-Es… hermoso. Tan diferente, pero a la vez puedo reconocer el estilo. Allá está el Kaikan, eso debe ser….-
-Eso es el Centro Cultural de la Mujer.-aclaró la capitana.
Victoria no pudo evitar sentirse conmovida por ver esa leve reminiscencia a su hogar, aunque no fuera su mundo, el camino a casa ya no parecía tan lejano.
-Gracias, capitana.-
En ese instante se abrió la puerta, pero no vieron a nadie. Prestando más atención, a nivel del suelo, pudieron distinguir a los dos felinos que los acompañaban en ese viaje. Teban y Dulce parecían venir discutiendo a los maullidos.
-Victoria, tenemos problemas.-lanzó el gato sin preámbulos.
-¿Qué clase de problemas?-exclamó Victoria, pero no a la que se había referido, la respuesta provenía de la capitana Rivercraft.
-Ya lo había dicho antes de partir del planeta… pero alguien me escucha? No, el gato maúlla y solo les parece muy tierno. No importa que les esté avisando del desastre.-
-Tampoco es para inmolarse, Teban, no exageres.-le replicó con fastidió, la otra gata.
-¿De qué están hablando?-inquirió esta vez si la Victoria indicada.
-El portal al tercer maestro estaba en algún lugar de ese planeta, ahora que lo dejamos tuvimos que buscar otro.-respondió Teban.
-¿Y lo encontraron?-
-Si, pero ese no es el asunto que lo molesta.-respondió Dulce.
-Claro, que creen? Soy un geolocalizador felino. Como si fuera lo más fácil.-protestó el gato, corriendo de lado el rostro con evidente gesto de fastidio, como solo ellos saben hacer.
-Teban, al punto.-enfatizó Victoria.
-Lo encontramos, pero no te va a gustar.-intervino Dulce.
-¿El portal se encuentra en algún lugar del planeta Kosen Rufu?-preguntó la capitana, demasiado intrigada para no interferir.
-Sobre él.-agregó Teban.-El portal se encuentra en órbita.-
A Victoria le costó entender a lo que se referían, no así con su contraparte. La capitana ordenó al tripulante más cercano que escaneara el área en busca de emisiones de neutrinos. Todos parecieron entender de que se trataba eso, pero no Victoria y sus compañeros felinos.
El señor Maverick, oficial de la Daimoku, temporalmente asignado a la Karma; encontró la respuesta.
-Existe una fuerte emisión en las coordenadas, 20.50, capitán.-
-En pantalla.-
El espacio sobre el planeta y una estación más lejana, es todo lo que se veía.
-¿Podemos observarlo de alguna forma sin activar el agujero de gusano?-
-Si, cambiando el espectrómetro, se puede ver el origen del horizonte eventual.-respondió el oficial Reims.
-Hágalo.-
Apenas se distinguía nada, pero un rayo de energía pareció mostrar un punto de luz en algún punto de la órbita planetaria.
-Ese es. Ahí tienen nuestro portal.-comentó Teban.
-Es lo que llamamos un agujero de gusano.-explicó la capitana.-Aunque no podría jurar adonde los lleva.-
-Nosotros si.-replicó la gata.-Conduce al tiempo y lugar del tercer maestro. Donde debemos ir.-
La capitana Rivercraft no tenía argumentos para discutir, por lo que aceptó lo que le decían. Que oyera hablar a dos gatos era igual de sorprendente que estos supieran adonde llevaba ese agujero en el espacio-tiempo.
-El problema va a ser alcanzarlo en el pleno vacío estelar.-se quejó Teban, bufando y moviendo un bigote.
-Señor Malcom, podemos usar los transportadores.-
-Podríamos, capitán, pero sus patrones de materia podría perderse y ser irrecuperables.-
-Gracias, la diseminación molecular no es lo mío.-retrucó el gato.
Luego de algunas otras ideas, que Victoria no entendió ni la décima parte, la capitana decidió que les iba a prestar un transporte de corta distancia, transbordador le llamó.
-Todas las reglas de la flota me prohíben enviar nuestra tecnología a un mundo con un nivel distinto o que desconozcan el viaje espacial. Si no pueden regresarlo por el portal, va a quedar programado para activarse la autodestrucción con un comando de voz. ¿Está claro?-
En poco menos de tres horas, ya habían arreglado los últimos detalles para la partida. Fue Dulce quien se dio cuenta que Ichinén no estaba presente. Tan entretenidas estaban ambas Victorias, que entre vidas comparadas y relatos de Kosen Rufu; nadie había preguntado por Ichinén.
-Yo voy a buscarlo, quizás quiera preparar algunas cosas para la partida.-comentó Victoria.
El guerrero Ichinén había permanecido todo el rato al parecer, en el cuarto que le habían asignado. Victoria lo encontró sentado de rodillas, como meditando, mirando al frente fijamente, con los ojos en las estrellas más allá del cristal de la nave. La espada estaba delante suyo, como extendida y presta para salir a la batalla. Casi que no sabía si importunarlo, pero antes que dijera nada, él notó su presencia y se giró levemente.
-Ya tenemos todo listo para partir, el portal está encima del planeta, pero ya lo hemos solucionado con la capitana. Nos dará una pequeña que se maneja sola casi…-
Ichinén solo asintió y esto la hizo frenarse.
-¿Estás bien, Ichinén? No saliste para nada de este cuarto.-
-No quería ver a nadie. Apenas fui a caminar un segundo y dos tripulantes me miraron como si vieran a un dios o a un fantasma. Da lo mismo, para el caso.-
-El capitán Ichinén era su líder y todos lo querían mucho. El verte les debe generar muchas cosas distintas.-
-Me hace acordar a cuando en la casa de mi padre, él estaba complacido por manifestaciones similares entre los que consideraba a su servicio. Siempre me pareció que la idolatría era el peor mal de todos los que debemos enfrentar.-
-Esta gente creo que va más allá de la idolatría…-
-Si, bien.-la cortó él secamente.-¿Cuándo partimos?-
Victoria no supo como seguir, salvo explicar lo que ya se había definido con la capitana Rivercraft.
-Si lo ocurrido en este mundo es un indicativo de algo, puede que esta empresa también me cueste la vida.-
-Ichinén…-
-Eso no es algo que me preocupe o atemorice.-
-Si es por eso, también deberíamos estar casados y ya sabés con quien debo desposarme yo. Eso no significa nada, cada mundo es diferente, no confundas las coincidencias con el destino.-
Ichinén se acercó a la puerta donde estaba ella de pie y salieron hasta el corredor de la nave, mientras seguían hablando.
-No creo en el destino, Victoria. Pero si es ese, no le temo ni lo esquivo. Aun si fuera la única opción, y mi vida sea el precio, voy a hacer que vuelvas a Kosen Rufu. Dar mi vida por una causa justa es tal vez lo más importante que haga en este universo. No me importa que alguien haya pensado que estaba para algo más. O que tan grandes campañas imaginaron que llevaría a cabo. Ni que guerras libraría heroicamente, aun si todo eso fue predicho por mil hechiceros. No creo que mi vida sea algo más de lo que ya es, la de alguien en busca de un objetivo, después de perder todo lo que tenía. Si esto solo es lo más importante que haré en el universo, puede sentirme satisfecho.-
Sin darle tiempo a más nada, se alejó por el corredor. Victoria se quedó de pie, mirándolo irse. No sabía si debía replicar o no, ella ya tenía bastante con lo que lidiar. Esta parte del viaje le había despertado viejas nostalgias y eso no era algo que le agradara.
Se vieron brevemente en el ceremonial para el capitán Ichinén. Solo ellos y el staff superior de cada nave estuvo presente. La capitana intentó dar un discurso, pero la voz se le cortó y luego de unos segundos en que parecía querer continuar, solo ordenó:
-Presenten honores.-
Los oficiales se giraron al unísono hacia la ventana del cuarto y observaron como era disparado un torpedo vacío, ya que nada se pudo salvar del capitán Ichinén. El guerrero no dijo nada, y se mantuvo extrañamente silencioso durante todas las exequias.
Volvió a encontrarlo cuando ya estaban listos para partir, en el camino a la bahía de transbordadores. Una hilera de oficiales se había puesto a lo largo de todo el pasillo. Era toda la tripulación de la Daimoku. La capitana Rivercraft hizo caso omiso del comentario de Victoria al respecto.
Ichinén pareció frenarse en seco al ver esa escena, pero luego continuó como si nada. Cada oficial se cuadraba firme y saludaba, casi como si ese fuera su capitán. El guerrero entendió que era lo único que cada uno de esos hombres y mujeres podía hacer para despedir a su capitán.
-Es un honor.-
-Mucha suerte, señor.-
-Ha sido un gran honor.-
-Largos días tenga usted.-
El guerrero estrechó las manos y saludó cordialmente, un poco como si estuviera avergonzado o cohibido. Victoria no supo si decir que se encontraba incómodo con la situación o solo que le parecía incorrecto recibir aprecio por otra persona. Subieron al pequeño transbordador, una nave no más grande que un dormitorio. La capitana Rivercraft los guió con algo llamado “conducción remota”, pasando el portal en órbita, seguirían de forma automática y luego el vehículo regresaría. Y si el regreso no era posible, se activaría la autodestrucción.
-Ichinén, Victoria, felinos amigos; mucha suerte. Les deseo lo mejor. Y que alcancen su objetivo.-se despidió la capitana de la Karma.
Ichinén miró fijamente el portal que se abría, diferente a los anteriores que habían atravesado. Este semejaba a un remolino azul con matices blanquecinos.
-Encontraremos el camino a Kosen Rufu, lo sé. Ahora que vamos al encuentro del tercer maestro. No hay dudas al respecto.-
Ninguno de sus compañeros dijo nada, pero el sentir era el mismo.

6/30/2017

46-To boldly go...

Victoria se armó de coraje, su único refugio en aquel momento. Se concentró en lo que podía hacer, y no en todo lo no podía, que en ese mundo era demasiado. Estando en el puente su doble, capitana de la nave; ella se sentía de más. Desde su silla la Victoria de ese mundo, lanzaba órdenes al timón o al de táctica. Estallidos por todos lados, la alarma la aturdía
-Escudos bajaron un 30 por ciento!-informó un oficial a su espalda.
-Tácticas, dispare a discreción!-vociferó la capitana por encima del ruido de una descarga.
Un panel del puente explotó y un tripulante fue despedido hacia atrás de su sitio. Victoria fue hasta allí y lo intentó asistir, rompiendo su manga, la uso para enjugar la sangre.
-La Daimoku está recibiendo fuego intenso, capitán.-escuchó decir a alguien.
-Patrón de ataque Omega, intente darle cobertura.-respondió la capitana Rivercraft.
Al girarse a su doble, le comentó:
-Aunque la Daimoku es superior en armamento y propulsión, los han castigado mucho.-
Victoria no entendía mucho de batallas navales, mucho menos en el espacio, que era lo más análogo que se le ocurría.
La batalla seguía y seguía, no parecía terminar más. Veía cruzar por su vista a las naves Naga disparando y a la Daimoku responder a su vez. La Karma, que era en la que estaban, se sacudía cada tanto.
-Un mensaje de la Daimoku, es el capitán Ichinén, solo audio.-informó el oficial de comunicaciones.
-Escuchémoslo.-
Por los parlantes o por algún sistema similar, entre estallidos de luz y pitidos de alarma, se escuchó la voz del capitán Ichinén.
-Capitana Rivercraft. Estamos sin casi soporte vital, nuestros escudos están por fallar y ya casi nos quedamos sin el sistema de armas. Estoy enviando a todo el personal a las capsulas de escape. Voy a pedirle que…-
La voz se cortó de pronto, tanto como la estática que tenía de fondo.
-¿Qué pasó? Recupérelo!-
-Lo intento capitán, pero al parecer dejó de transmitir.-respondió el oficial.
-Puede que ese sistema ya también esté comprometido. Teniente Reims, maniobre para alcanzar esas capsulas con el rayo tractor, vea si puedo acoplarlas a la bahía de carga.-
-Creo que puedo hacerlo.-
Uno de los mejores pilotos de toda la flota era Reims, capaz de maniobrar una nave de ese tamaño por un tupido campo de asteroides. Si alguien podía enganchar las capsulas y jugar al “palo y a la bolsa”, era él.
La tensa operación duró unos cuantos minutos, en tanto seguían disparándose. En un momento dado, una de las  naves Naga quedó a la deriva. El vitoreo de festejo fue de apenas un segundo, pero al menos fue un aliciente.
-Concentre todo el fuego en las otras naves, olvídense de esa, ya no es una amenaza.-gritó la capitana, mientras un chorro de llamas surgía a menos de un metro, de una pared cercana.
De las dos naves Naga todavía operativas, solo una disparaba. La otra, debía estar sin armas o con estas fuera de línea, al menos. La Daimoku parecía un “muerto en el agua”, como se dice en estos casos, casi ninguna luz provenía de su interior. Los Nagas intentaban acercarse, seguramente para abordarla. La capitana maldijo para sus adentros viendo su intención. En su estado actual, tampoco podía hacer mucho por impedirlo, estaba concentrada en salvar la tripulación de la otra nave.
-Están intentando acceder a la nave de Ichinén.-
-Tengo todas las capsulas, capitán.-informó el teniente Reims.
-Pónganos a una distancia prudencial. Aunque no creo que nos disparen, están muy entretenidos, haciendo su pillaje.-
Impotentes y con furia, vieron como la nave de sus enemigos iban rodeando a la Daimoku, usando un rayo tractor para sujetarla.
En el puente de mando entró el capitán Ichinén, con su uniforme casi reluciente, salvando algunos manchones de algo que parecía hollín. Victoria se preguntó alarmada donde estaba su Ichinén, pero por el momento no dijo, creyendo que estaba en otra capsula de escape en la bahía de carga.
-Necesito hablar con Shesha, abra un canal a la nave líder.-expresó Ichinén.
A un asentimiento de la capitana, el oficial de comunicaciones lo contactó.
-Canal abierto, capitán.-respondió el joven, aunque no aclaró a cuál de los dos se refería.
Por unos segundos, no pasó nada. Pero Shesha no resistió la tentación de jactarse de su botín.
-¿Qué ocurre Ichinén? ¿Molesto porque tengo tu nave?-
-Shesha, estoy a punto de activar la autodestrucción desde aquí. Le sugiero que se retire.-
El naga rio con ganas, no creía una palabra.
-Ese sistema debe ser activado desde dentro, no me tome por tonto, capitán.-
-Está errado, puedo activarlo desde esta nave, de hecho, lo haré ahora.-
Dicho esto se dirigió a la consola del timonel y accedió a los sensores de largo alcance. La capitana Rivercraft lo miró sin entender, estaba tocando botones y pantallas sin ton ni son.
¿Cómo esperaba acceder a la otra nave, usando el sistema de sensores? Por otro lado, Shesha estaba en lo cierto, Ichinén tenía que estar en la nave para activar la autodestrucción.
La Daimoku parecía un monstruo que apenas se sacude la modorra, unas pocas luces se activaron. El oficial que estaba junto a Ichinén vio sorprendido como el sistema de la otra nave se encendía. La repentina reacción de Shesha confirmó que Ichinén no mentía.
-Se activó la autodestrucción… ¿Cómo es posible?-gritó el naga.
-Secreto profesional.-se mofó Ichinén.
El nombre del capitán se convirtió en un grito de resentimiento en la boca del naga. Sin más, el alienígena cortó la comunicación.
Las naves nagas comenzaron a alejarse, pero en vez de hacerlo en cualquier dirección fueron directamente hacía la Karma.
-Capitán, no tengo más propulsión que un cuarto de impulso.-comentó Reims.
-Todos los sistemas de armamento están fuera de línea.-
Un sacudón les notificó que los nagas estaban en mejor forma.
-Al parecer la de ellos si.-acotó sin alegría la capitana Rivercraft.
Ichinén tocó el comunicador en su pecho y habló para sí mismo.
-Capitán, estamos en problemas. La Karma está por ser alcanzada por ambas naves Nagas, no tenemos armas y apenas propulsión.-
Todos creyeron que hablaba con la capitana o al aire, tal vez estaba traumatizado por la situación, aunque tal cosa fuera muy inverosímil. Sin embargo, la Daimoku se movió velozmente, quizás lo único que aun podía hacer. Yendo en pos de las naves enemigas, no tenía armas al parecer, ninguno torpedo o rayo era disparado de ella.
Victoria Rivercraft y la otra miraron a Ichinén. El guerrero vestido del capitán protestó.
-El plan no salió tan bien. La idea era ahuyentarlos.-
Sin poder hacer otra cosa que observar, vieron como la Daimoku se acercaba a la nave de Shesha, la atrapaba con un rayo tractor y la hacía colisionar con la otra nave. Debido al daño a sus sistemas, los nagas poco pudieron hacer para evitar ser “enlazados”. Al estallar la otra nave por el choque, la Daimoku soltó el rayo y se dirigió con toda intención contra la nave líder de los naga, donde se encontraba Shesha. La colisión, enganchó metal con metal y si hubieran estado allí en persona, les hubieran dolido los oídos del chirrido producido. Eso, si en el espacio se pudiera propagar el sonido. La Daimoku encendió los impulsores en reversa, arrastrando a la nave nada en dirección contraria a la que llevaba la Karma.
-Capitán, tengo una transmisión desde la Daimoku.-
 En pantalla, apareció la imagen del capitán Ichinén, con el uniforme más raído y sucio.
-Capitana Rivercraft, voy a contenerlos todo lo que pueda con el rayo tractor, la autodestrucción ocurrirá en tres minutos. Espero les de suficiente tiempo para alejarse del rango de la explosión.-
-Ichinén… Pero entonces…-
-Es la ventaja de tener dos Ichinén. Use como señuelo a nuestro guerrero de otro mundo. Le di un uniforme mío de repuesto. Mi plan era engañar a Shesha y que se fuera herido y con las manos vacías, para luego usar la última capsula, antes que la nave explotara. Pero ese lagarto no sabe cuando dejar ir las cosas. Quiere hacer carroña con mi nave o destruirlos a todos, no pienso permitir ninguna de las dos cosas.-
-Ichinén, voy en tu ayuda…-
-No, no estás en condiciones, tu nave no lo resistiría. Además, la prioridad es mantener a tu tripulación a salvo, y a la mía.-
-¿No se puede poner el control en automático...?-
-No, las modificaciones que debo hacer sobre la marcha para que no escapen, requieren que alguien esté aquí. Es como se dice habitualmente, un capitán se hunde con su nave.-
La capitana Rivercraft sintió un tenso nudo en la garganta y un retorcimiento en el estómago.
Parecía a punto de saltar de su silla para gritarle a la pantalla.
Los nagas disparaban a quemarropa sobre la Daimoku, pero poco podía acertar estando tan cerca, era más el daño que se hacían ellos mismos.
-Ichinén, debe haber algo…-le intentó decir la capitana.
-Nada, no se puede hacer nada.-el capitán se dirigió a su doble, mientras otra explosión surgía en el puente de la ya muy dañada nave.-Ichinén, no te rindas ante los sacrificios. Este es el mío por las personas que aprecio y que cuentan conmigo. Llévalos a casa a todos, como es tu misión, aunque en el trayecto tengas que dejar algo. Lo que importa es el triunfo. Muchos darán la vida gustosos por una causa justa y noble. Llegar a tu Kosen Rufu, puede que requiera mucho esfuerzo. No cejes en ese empeño, ni te desanimes.-
Una congoja que nunca había experimentado, demasiado extraña para que un mortal común la entendiera, lo invadió.
-Si, capitán, así lo haré.-
-Sé que no me defraudarás.-
La capitana Rivercraft quiso intervenir, pero no sabía que decir o hacer.
-Adiós, esposa. En otro mundo tal vez…-
Una luz cegadora cortó las palabras de Ichinén. Y la pantalla cambió a la imagen de la Daimoku explotando desde dentro, llevándose a la nave enemiga consigo.
El silencio fue total, ni Teban ni Dulce dejaban de mirar la explosión, achicando los ojos. Ichinén se mantuvo en pie, hasta bajar el rostro de pesar. Victoria se tapó el rostro con una mano, al mismo tiempo que su doble se levantó de la silla del capitán como si quisiera alcanzar la imagen en pantalla. Llamó a su esposo una vez más, pero sabía que ya no era posible. La capitana de la Karma se giró a un tripulante a su derecha. La voz de ultratumba que le salió parecía estar apenas impulsada por un hilillo de aire.
-Timonel, diríjase al sistema Kosen Rufu, avise a la base estelar Kofu que llevamos heridos y estamos en malas condiciones.-por un momento, pareció no poder seguir hablando. Respiró y continuó.-Alférez, anote la fecha estelar y comunique a la flota nuestra baja, el capitán Ichinén de la Daimoku.-
Mirando a la pantalla, no pudo evitar que una lágrima le corriera por el rostro.
-El universo no conocerá otro igual.-

5/31/2017

45-Un universo muy pequeño para dos Ichinén.

Existe gente con toda clase de tonalidades de piel. De color oscuro, de color aceitunado, de tinte más  amarillo y también, los más pálidos. El guerrero Ichinén era de este último grupo y hacía muchos años, uno de tono más amarillento, lo había bautizado con el nombre que hoy llevaba y no el primero que sus padres le habían puesto según era costumbre. En su tierra natal, había existido un gran aluvión de inmigrantes de esa etnia, refugiados de una tierra al sur. La diversidad no era algo que le resultara ajeno, ni lo ajeno tan extraño. Pero nada lo había preparado para lo que veía a bordo de la SGI Daimoku. Diferentes seres de todo lo conocido o posible de imaginar. Alienígenas con orejas como elfos del bosque o sátiros diablillos. Algunos con escamas o con crestas de hueso como si provinieran del océano, aunque es probable que sus ancestros lo hicieran y el guerrero no pudiera confirmarlo. El capitán Ichinén miraba a cada oficial o tripulante que cruzaban, dando alguna orden si era necesario. El guerrero observaba cada situación con curiosidad. Les hablara o no, cada tripulante se ponía de firme y saludaba al capitán con una venía algo marcial. Si eso era el futuro, algunas cosas no habían cambiado de mundos como el de su origen. Los ejércitos con espada, no eran muy diferentes o menos disciplinados que los del espacio.
-Le estoy todo lo que puede hacer, capitán.-comentó el jefe de ingenieros, cuando bajaron al cuarto de máquinas.
El ingeniero en jefe era el equivalente al Mateo que conocía, el que atendía el bar en la estación de paso. Era también un hombre grande, vestido con el uniforme de la flota, llevando las canas con estoicismo. El capitán comentó algunas cuestiones técnicas que el guerrero no entendió.
-Es igual al Mateo que yo conozco.-le comentó a su equivalente cuando salían del cuarto.
-¿A Niki? Si, el Mateo de este mundo no será muy distinto al tuyo, al menos en lo general. Es un principio de la teoría que te comentaba antes, la del multiverso, múltiples universos.-
Aquí el capitán intentó explicarle algo llamado teoría del Big Bang, pero solo su cabeza tuvo una gran explosión con eso.
-Imagina el universo nuestro como una burbuja, conteniendo todos los planetas y las galaxias, los sistemas; todo en su interior. Podríamos ser parte de un organismo infinitamente más grande, y aunque fuéramos parte constitutiva, no seriamos mayores a una molécula. El universo nuestro o el mío al menos, lleva varios millones de millones de años. Los seres humanos hemos estado en él muy poco.-viendo que su contraparte no se percataba del alcance de esta comparativa, utilizó una analogía.-Si la vida completa del universo estuviera contenida en un solo año, los seres humanos hemos estado la última hora del último día de ese año.-
-Del universo del que vengo, no la he pasado muy bien.-respondió el guerrero, con un leve pesar en el rostro.
-Creo que no hace falta preguntarte nada, supongo que nuestras historias serán similares.-agregó el capitán.
-No me refiero a mi lugar de origen, o no solo a eso al menos.-haciendo una pausa, Ichinén se quedó contemplando la nada, en uno de los tubos de mantenimiento.-El mundo que visitamos, fui llevado engañado por Rokuten, allí había una versión de Victoria, que aunque muy distinta, nos involucramos. No terminó bien. Ella fue asesinada.-
Ichinén le relató con detalles, como había sido llegar al mundo de Innocenza, como había sido la relación y como había terminado.
El capitán no habló por varios segundos, detenido frente a su contraparte, mirándolo de hito en hito.
-Hace un par de años, cuando Victoria era aún mi primer oficial, tuve un tripulante. Lo había amonestado por no sé que falencia en su uniforme o en algún procedimiento. Algo estándar, nada demasiado grave. No sabía ni el nombre de ese chico. No había pasado un mes que nos vimos en una misión, donde todo resultó mal. El lugar para el encuentro diplomático era una trampa de una raza belicosa como los nagas. El chico olio la trampa y salió a defender a su capitán, yo. Quien ya era prisionero del enemigo. Le costó la vida esa pelea. Sus últimas palabras fueron para saber si yo me encontraba bien. Y hasta que me llegó el informe no conocía el nombre de ese joven alférez.-
El guerrero sintió una revolución dentro suyo, una conmoción como la muerte. El capitán reanudó la caminata y siguió hablando.
-El acuerdo de paz se hizo pese a los impedimentos que los belicosos quisieron poner. La culpa me llenó por meses, eso es lo que sentís, Ichinén. O ese era el objetivo de tu enemigo. No conozco a ese sujeto, aunque he encontrado criaturas como dioses o con facultades más allá de las humanas. Si los nagas son sus lacayos en otro mundo, puedo imaginar de que acero está hecho.-
Para el capitán era extraño usar su propio nombre para referirse a otro. Charlando con su contraparte, encontraba historias paralelas entre ellos, gestos comunes a ambos.
-¿Y cómo se resuelve la culpa?-inquirió el guerrero.
-No existe la culpa. Eso comprendí. Existe la responsabilidad. No era útil sentir culpa, cuando el alférez estaba cumpliendo con su deber. Es el objetivo el que nos da coraje. La culpa solo lleva a la cobardía, es la excusa para no plantar cara a nuestras verdades. Mi verdad es que no tenía culpa, tenía la responsabilidad de cuidar todos en esta nave, de salvaguardar las vidas de cada hombre y mujer de esta tripulación. Y algunos han de dar la vida por lograr eso, si no podemos evitarlo y prevenirlo, no debemos sentir la culpa del superviviente.-
El guerrero se quedó pensando en ello, bajando la vista al suelo de goma y metal. El capitán sonrió como si eso fuera un chiste.
-Esa es mi expresión de “muy lindo lo que decís, pero no me creo ni media palabra”.-
-No es eso…-
-La verdad es que… No se puede lograr cambiar esos sentimientos de la noche a la mañana. Las acciones valen más que un millón de palabras. Pero un día vas a entender que incluso Innocenza siendo víctima en esto, estaba dispuesta a sacrificar todo para oponerse a los opresores de su pueblo. Incluso dando su vida para aquellos que quería. Yo vencí la culpa, la arranque de mí con el tiempo, en tanto me dedicaba a Daimoku. A la nave y a los que estaban en ella. Algo productivo te lleva a salir de ese estado bajo.-
Siguieron andando hasta la sala de transportación, donde el capitán cotejó que algunos transportadores ya funcionaban. Luego de seguir camino a otra sección continuaron hablando.
-Esa sería una diferencia entre nosotros. Vos no te casaste con tu Victoria como yo lo hice, además de que Daimoku es la nave y en tu caso una espada.-
-No, bueno… Como dijimos antes, Innocenza era la Victoria de otro mundo, aunque muy diferente, incluso físicamente, no como la capitana Rivercraft que es idéntica a la Victoria que conozco.-
-Mmm, eso puede significar que te interesa tu Victoria.-
Ichinén dio un respingo de asombro, no solo no lo había pensado, sino que luego de Innocenza, estaba muy conmocionado al respecto. Intentó balbucear alguna respuesta, pero era inútil querer engañarse “a sí mismo”.
-En realidad, ella tiene un destino, adonde vamos, la espera un casamiento con el fundador de su tierra, Kosen Rufu. No me explico como alguien que habrá vivido hace miles de años, se va a casar con ella… pero bueno, no es mi asunto. Fue profetizado y todo. Así que muchas ilusiones no podría hacerme.-
-No cierres del todo esa puerta. Yo creía lo mismo. Hay algunas que nunca lo hacen del todo.-
El guerrero estaba a punto de preguntar al respecto, pero el gesto melancólico del otro lo detuvo. En otro lugar, una conversación similar tenía lugar, aunque con menos silencio. Luego de supervisar algunas cuestiones de su nave, la capitana Rivercraft había regresado a la Daimoku para coordinar con su colega y antiguo esposo, los pasos a seguir. Aunque en tanto, solo quedaba hablar con su otra versión de otro mundo.
-Siendo oficiales de la flota no estaba permitido que tuviéramos relación, por lo que por un corto tiempo, pude dejar de lado mi carrera y nos casamos.-explicó la capitana Rivercraft.
-¿Y qué ocurrió luego?-inquirió la otra Victoria.
-Me ofrecieron otro puesto, no uno en un puerto espacial, sino mi propia nave, la “Karma”. Estando uno en un sector del espacio y el otro en el contrario, bien… no funcionó del todo el matrimonio.-
Victoria asintió, entendiendo la responsabilidad de la capitana de la flota. Y esta a su vez, miró con curiosidad a su contraparte.
-¿Y que hay al respecto de ustedes dos? ¿Te interesa sexualmente Ichinén?-inquirió con total naturalidad la Victoria de ese mundo.
La otra no pudo más que atragantarse con sus pensamientos y tratar de argumentar algo con sentido.
-No, yo… claro que no. Somos compañeros de ruta. Él ya tuvo sus romances con una versión mía de otro mundo.-
En vano intentó explicar sobre lo que Ichinén acababa de contar al otro, acerca de la profecía, el casamiento previsto con el fundador y demás menesteres. La capitana la miró como si ella estuviera poniendo peros para algo que tenía miedo de afrontar.
-No, Ichinén no es mi tipo.-
La otra largó una risotada tan sonora que casi la pudieron escuchar los tripulantes del puente, puerta de por medio.
-Ya  escuché esas palabras, de mi misma.-
Aunque aquello la contrariaba, Victoria no pudo evitar sumarse a la risa y otras chanzas de su versión en ese universo.
Estaban bromeando y contándose recuerdos, que obviamente encontraban semejantes; cuando ambos Ichinén regresaron.
-Debemos volver al puente, las reparaciones están en proceso de finalización y es posible que tengamos una lucha en breve.-informó el capitán Ichinén.-Capitana, ¿Cuál es el estado de la Karma?-
-Mi nave se encuentra operativa, aunque están reparando ya los bancos de fasers que está fundidos, la mitad no servirá. Estamos ya sin torpedos, salvando dos de un conducto que está obstruido. La Karma puede salir de aquí, pero no sé si podría remolcar a la Daimoku. ¿Cómo están los motores de tu nave?-
-Tenemos los de impulso únicamente. A esa velocidad no podríamos alejarnos de los nagas ni aunque ellos fueran de rodillas.-replicó el capitán Ichinén, haciendo una broma que incluso los visitantes entendieron.
Los nagas eran como serpientes, por lo que carecían de rodillas.
Cuando llegaron al puente de mando, apenas cruzando la puerta de la oficina del capitán. Los cuatro se encontraron con Teban y Dulce, recostados en paneles cerca de la silla de mando, lugar estratégico desde donde los gatos pudieran ver todo. En el preciso instante, en que el capitán iba a dirigirse al primer oficial, una alarma sonó. La teniente Hesse se volvió en su silla giratoria.
-Una de las naves naga estaba emitiendo señales de energía en los motores, se mueven, señor.-
El capitán apretó los puños, maldiciendo por dentro.
-Esta pelea nos encuentra menos preparados de lo que esperaba.-musitó para sí mismo.-Alférez, conduzca la capitana y al resto de los visitantes al transportador.-
El tripulante aludido, se cuadró y con un gesto indicó a los mencionados que lo acompañaran.
-Yo me quedo.-comentó el guerrero Ichinén.
Victoria quiso ver si estaba intentando alguna locura, tendencias suicidas o algo por el estilo, movido por la culpa. La discusión o argumentación subida de tono, tuvo que ser postergada. La voz de alarma de otro tripulante indicó que los nagas se movían en conjunto para atacar, las tres naves.
El alférez se acercó a ella y el capitán le indicó que los guiara a todos, exceptuando al guerrero Ichinén.
La capitana tomó del brazo a Victoria y ella solo pudo quedar mirando como era alejada de Ichinén. Le deseaba gritar que no tirara su vida en ese mundo, que no se matara por lo ocurrido a Innocenza; pero no dijo nada. Estando en la otra nave con ambos felinos se sintió muy mal de no haber dicho nada.
El capitán Ichinén ordenó en voz alta y firme.
-Alerta roja. Escudos arriba!-
Ichinén, ambos, miraron la pantalla donde estaban las naves naga. Si sus ojos hubieran sido rayos lasers, hubieran volatizado las tres naves allí nomás.
En la otra nave, la capitana tomaba asiento en su silla de mando y exclamaba órdenes similares, para luego agregar:
-Pobres nagas, van a enfrentarse a dos Ichinén. Ya uno es bastante pesado de tolerar, no quieras saber por partida doble.-
La capitana le sonrió a Victoria, mientras las naves se iban acercando a batallar. La joven esperaba que aquello fuera verdad y salieran de esa, enteros.

4/28/2017

44-El capitán Ichinén, en su continua misión.

Ichinén se aferró a una baranda del puente de mando cuando sintió el sacudón, eso no se lo esperaba. Ni siquiera había estado en una batalla naval con cañones, mucho menos en algo como aquello. Una lucha estelar con rayos de energía. El guerrero nunca había librado una pelea como esa, en cinco minutos, cinco naves intercambiaban numerosos disparos. Y demasiadas vidas pendían de apenas un hilo muy delgado, entre el vacio de la muerte y la oscuridad de la muerte.
-Escudos al 50 por ciento, capitán.-gritó el timonel por sobre el ulular de la alerta roja.
Ese sonido le resultaba muy molesto al guerrero Ichinén. Al otro no parecía importarle, cuestión de costumbre, suponía este.
Las naves Naga seguían disparando sobre la Daimoku y la Kobayashi, sin ninguna consideración.
La teniente Hesse, de comunicaciones, se giró en su asiento.
-Capitán, la Kobayashi está soportando severos daños, están perdiendo soporte vital.-
-Malditos sean, esa nave apenas tiene armas de defensa, es de exploración científica.-manifestó el capitán Ichinén.-Disparé a voluntad, alférez, toda la extensión.-
Victoria tambaleó y se deslizó por el suelo, empujado por el sacudón de la nave, el guerrero Ichinén intentó ir en su ayuda. El capitán estaba más cerca y dejó su silla para sostenerla. El hombre la sujetó y Victoria lo miró sorprendida, la naturalidad con la que le tomaba la mano, le resultaba muy curiosa. Por un escaso segundo sintió algo familiar, pero de lo que ella no era partícipe.
-La Kobayashi ha explotado. Se fue.-informó otro tripulante, que manejaba los sensores.
Un gesto de pesar invadió al capitán, haciendo acopio de fuerzas intentó incorporarse, ayudando a Victoria en el proceso.
-No duraremos mucho si esto sigue así.-le susurró el capitán Ichinén a la joven.
Las luces del puente se apagaron, apenas el fulgor rojo de la alarma seguía funcionando. Las chispas saltaban por todos lados y un felino pasó corriendo al lado de ella. No supo si era Teban o Dulce. Los nagas disparaban sin compasión, aunque el capitán Ichinén seguía dándoles una dura lucha.
-Reporte.-gritó el capitán al alférez.
-La energía principal está fuera de línea, perdimos escudos, perdimos nuestras armas.-gritó Maverick, al momento que un chispazo brotaba de una consola a tan solo medio metro.
-Esto no puede ser el día que moriremos.-musitó Ichinén, el capitán, aunque solo Victoria lo oyó.
-Prepárense para embestirlos, saldremos a los empujones si es necesario.-ordenó el comandante de la nave.
Ella estaba a punto de decir que rogaba a todos los dioses que salieran de eso, cuando el Maverick de ese mundo se giró a medias en su silla, hablando al capitán. Maverick, que se había acercado al panel de mandos, se giró con un sobresalto, entre sorprendido y atemorizado.
-Señor, hay otra nave llegando a nuestra posición…-
Por un segundo, Victoria leyó el pavor en el rostro del capitán, esa nave bien podía ser más problemas. El tiro de gracia que llegara terminar lo que sus compañeros naga habían iniciado. La expresión de suspenso en el Ichinén de ese mundo, esperando que Maverick completara la información.
-… es la “Karma”!-anunció con aire de triunfo.
El resoplido del capitán dio cuenta que esos que llegaban, eran amigos. El Ichinén de la Flota, ordenó a quien pudiera obedecer o quien tuviera una consola que aun funcionara.
-En pantalla.-
La pantalla chispeó pero mostró la imagen de la pelea de la nave recién llegada con las tres naves naga. En ese preciso momento, se podía apreciar como deshabilitaba una de estas. Los torpedos salían de la nave como si tuvieran un camino trazado y no fueran impulsados por otro medio. La Karma era similar a la Daimoku pero con ciertas diferencias de modelo. Una era clase Constitución y la otra era clase Embajador.
La lucha duró unos pocos minutos más, pero el capitán Ichinén aprovechó el respiro que le daba la nave amiga para repartir órdenes de previsión y reparaciones, en vías de asistir a la otra astronave de la Flota. Habían recibido mucho fuego, según escucharon, severos daños. Parecía que casi no andaba nada. El puente era una ruina, eso podía apreciarlo cualquiera, nada que ver con el lugar que habían visto al llegar. Ni Victoria ni tampoco Ichinén, podían creer el alcance de esa destrucción.
-Señor, la Karma ha deshabilitado las armas y propulsión de los naga. La comandante nos está llamando.-informó Hesse, la oficial de comunicaciones.
-Abra un canal.-respondió el capitán.
En la pantalla ya no se vio el espacio o las naves enemigas, sino la media figura de una mujer, con un puente de mando detrás. Muy similar al de la Daimoku, y casi tan dañado.
Victoria no pudo contener un sobresalto, al ver esa pantalla.
-Saludos, capitana Rivercraft.-expresó el Ichinén de la Flota.
-Parece que llegue más a tiempo que si me hubiera invitado, capitán. Aunque recibí su señal de auxilio y vinimos en cuanto nos dieron los motores.-
-No puedo pedir más, nos has salvado.-
Victoria se acercaba como hipnotizada al asiento del capitán Ichinén, sin quitar los ojos de la pantalla.
-Tengo salvarte una vez que…-la capitana se frenó en seco, no pudiendo dar crédito a sus ojos.
Se veía a sí misma junto al otro capitán, pese a la falta de luz y la imagen intermitente, era ella sin duda. Eso o alguien demasiado similar. El capitán Ichinén miró a su costado a Victoria, casi sonriendo con suficiencia.
-Bueno, creo que le debo una explicación, capitana.-
-Si, más de una, Ichinén.-respondió la mujer en tono grave.
-Si tus transportadores andan aun, te invito a venir a mi oficina, para que conversemos.-
-De acuerdo, Rivercraft fuera.-
La comunicación se cortó y la pantalla pasó a la imagen del espacio con las naves a la deriva.
El capitán Ichinén condujo a todos, tanto humanos como felinos, a la oficina, en espera de la llegada de la capitana Victoria Rivercraft.
En tanto llegó y se realizaron los saludos marciales que ameritaba el trato entre dos capitanes, no realizaron muchos avances. Al terminar la explicación, Teban tomó la palabra. Para la capitana de la Karma, las sorpresas no habían finalizado con su doble. Dos gatos hablando era la frutilla del postre.
-Te metes en muchos líos, Ichinén. Y como siempre, vengo para sacarte de esos mismos problemas.-comentó sarcásticamente la capitana Rivercraft.
-¿Tan insoportable soy en este mundo?-preguntó Victoria.
La contraparte la miró y se envaró delante.
-Soy capitana  de la Flota, tuve que ser muy dura para llegar a esta posición como mujer, no creo que una niña de otro mundo pueda entenderlo.-
-Puede que mi vestimenta te confunda, “Viki”. Soy una reina.-
-Si, una reina con una espada al cinto, por lo que veo.-
-Se llama Karma, como tu nave.-
-Y la de él, se llama como mi nave.-intervino el capitán Ichinén, para frenar una posible pelea femenina.-Paralelismos entre los mundos, algo que estudiamos en Mecánica Cuántica, la materia de la Academia de la Flota.-
-No recuerdo casi nada, solo que me daban dolores de cabeza las explicaciones de esas teorías.-replicó la capitana Rivercraft.
-Si Rokuten, quien ya les dije quien era, no hubiera metido la mano, o la cola como se dice usualmente; tanto Ichinén como Victoria hubieran ido a sus cuerpos.-explicó Teban, sentado como estatuilla desde la mesa del capitán.
-Al usar el transportador, evitamos esa característica de los viajes entre mundos.-continuó el capitán Ichinén.
-Eso no sucedió con Victoria en el mundo que visitamos previamente, ya que su contraparte se encontraba fallecida. Al parecer, la mía de ese mundo también.-acotó con cierto desgano el guerrero Ichinén, rompiendo su mutismo de esos días.-No se que podría pasar de seguir estando dos de cada uno en el mismo mundo. Pero nada queda sin efectos.-
-Así es, puede que esto tenga consecuencias en el futuro, pero por ahora, parece que solo atrajo a los nagas. Seres bajos de por si, por lo que las anomalías los atraen como abejas a la miel.-agregó Dulce, recostada como una esfinge.
-¿Y en esto estás saltando no sé cuantas regulaciones?-espetó la capitana Rivercraft con cierta sorpresa a su colega.
-Ellos solicitaron ayuda para encontrar el portal que los lleve a su destino. No estoy saltando ninguna regla de la Flota.-
El guerrero Ichinén intervino esta vez, con una carga importante de cinismo en su voz.
-Es más tiránica que vos en tus mejores días.-hablando más que nada con su Victoria.
La capitana no se tomó el comentario con buena cara, pero antes que dijera nada, intervino el otro capitán.
-Pasa cuando se involucran tantos sentimientos, es porque ella se preocupa por mí. Tiene que retarme cuando hago alguna locura.-
-Supongo que con ella me pasa igual.-replicó el guerrero.
-Si, eso sucede con las esposas.-bromeó el capitán Ichinén.
Al momento se dio cuenta que esto generó reacciones extrañas en los visitantes, miradas entre si, como de soslayo.
-¿También estuvieron casados? ¿O aun lo están?-
-No, de hecho, yo tengo predestinado casarme con alguien. Algo que me ha costado aceptar pero ya hice las paces con ella. Y ese no es Ichinén. Pero a él, parece no molestarle. Del mundo que visitamos antes de este, tuvo un romance con mi contraparte de allí. Parece tener ciertos sentimientos para conmigo…-
-Los únicos sentimientos que tengo son de molestia y de hastío…-le espetó el guerrero, aunque no pudo continuar.
Un timbre sonó, como un pitido, y el capitán de la Daimoku ordenó que entrara a quien estaba del otro lado de la puerta. El Maverick de ese universo entró y le presentó el reporte de daños.
-Estimando con viento a favor y sin sorpresas, tenemos cinco horas de reparaciones por delante. Algo siempre surge, por lo que el jefe de ingenieros estima un poco más.-informó el oficial.
-¿Y las naves de los nagas?-
-Por el nivel de daño, se prevé que en el mismo periodo de tiempo, dos de las suyas estarán operativas.-
El capitán se tocó el mentón, como pensativo, asimilando la información. Segundos después se levantó y le devolvió el aparato de datos a su primer oficial.
-Tenemos una carrera contrarreloj por delante. A ver quien repara primero su nave estelar, para volatizarla antes que el otro pueda hacerlo. Una clase de guerra que no admite mucho de esa pugna interna. Les sugiero que lo piensen.-
Tanto Ichinén como Victoria se miraron como pidiéndose disculpas.
El capitán Ichinén se levantó y estaba por dejar su oficina, cuando se giró a su contraparte.
-Ichinén, camina conmigo. Podremos conversar mientras hacemos las reparaciones, el tiempo vuela en estos casos.-